domingo, marzo 01, 2026

 

 

Del conocimiento como certeza

al conocimiento como experiencia




La epistemología clásica, desde René Descartes hasta Immanuel Kant, ha concebido el conocimiento como un problema de fundamentos, verdad y justificación. Su preocupación central fue responder preguntas como: ¿qué podemos conocer?, ¿cómo sabemos que algo es verdadero?, ¿cuáles son los límites de la razón? En ese marco, el sujeto cognoscente aparece como una conciencia que busca certezas mediante métodos rigurosos, generalmente separados de la emoción y de la experiencia cotidiana.

Había leído  varios libros de Jorge Wagensberg por eso no me  sorprendió  que en El gozo intelectual desplaza el eje del conocimiento el cual deja de ser solo un problema lógico para convertirse en una experiencia vital, un proceso dinámico que involucra curiosidad, diálogo, comprensión e intuición. No se trata únicamente de saber qué es conocer, sino de cómo se vive el acto de conocer.

La epistemología clásica buscó certezas universales. Descartes, por ejemplo, pretendía encontrar una base indudable del saber en el cogito. El conocimiento debía ser claro, distinto y seguro. Kant, por su parte, estableció las condiciones a priori que hacen posible la experiencia, delimitando el campo de lo cognoscible.

Para Wagensberg el conocimiento no parte de la certeza sino del estímulo, de un cambio de estado mental que despierta la curiosidad. El saber no comienza en la duda metódica sino en la sorpresa.

Esta diferencia es fundamental: mientras la epistemología clásica privilegia la seguridad, Wagensberg privilegia la dinámica del aprendizaje. El conocimiento ya no es un edificio construido sobre fundamentos inmutables, sino un proceso evolutivo, abierto y en diálogo constante con la realidad. Esto esta mas acorde con lo que ocurre en nuestros días en lo cotidiano y en la ciencia.

En gran parte de la tradición clásica, el sujeto cognoscente aparece como una conciencia relativamente aislada que reflexiona sobre el mundo. Incluso cuando se reconoce la experiencia, esta se organiza bajo estructuras mentales universales.

Wagensberg introduce una idea radicalmente distinta: el conocimiento surge de la conversación. Conversar con la realidad, con los otros y con uno mismo constituye el “centro de gravedad” del aprendizaje. Esto implica que el saber es: relacional ,intersubjetivo, histórico, situado

Aquí se visualizan más las perspectivas contemporáneas donde el conocimiento es producto de comunidades y no solo de individuos.

 Wagensberg define comprender como “caer en la mínima expresión de lo máximo compartido”, es decir, encontrar patrones comunes en la diversidad. Esta definición es profundamente científica: comprender no es alcanzar una esencia , sino detectar regularidades, construir modelos y simplificar la complejidad sin negarla. Se trata de un conocimiento: provisional, perfectible, dependiente de la experiencia, una concepción operativa y evolutiva del saber.

La epistemología clásica tendió a desconfiar de la intuición, considerándola poco fiable frente al método racional. Wagensberg, en cambio, la define como el “roce entre lo comprendido y lo por comprender”. La intuición no reemplaza al razonamiento, sino que surge de él y lo impulsa.

Aquí el conocimiento aparece como un continuo entre razón e imaginación, entre análisis y creatividad. Esta integración refleja mejor el funcionamiento real de la ciencia, donde los grandes descubrimientos suelen combinar datos, modelos e intuiciones.

Para la tradición clásica, el lenguaje era un instrumento para expresar pensamientos ya formados, para Wagensberg, el lenguaje es condición de posibilidad del pensamiento abstracto: comprime la realidad, permite comparar, generalizar y buscar esencias compartidas. Además, introduce una dimensión evolutiva ausente en la epistemología clásica: el conocimiento y la cultura son productos de la selección natural, estrategias de supervivencia frente a la incertidumbre. El gozo intelectual no es un lujo, sino una función adaptativa.

La epistemología clásica influyó en modelos educativos centrados en la transmisión de verdades establecidas. Wagensberg propone una pedagogía distinta: educar es enseñar a gozar del estímulo, de la conversación y de la comprensión.

El objetivo ya no es acumular , sino desarrollar la capacidad de: preguntar, dialogar, abstraer, comprender. El conocimiento se vuelve una experiencia deseable, no una obligación.

 

Conclusión

La epistemología clásica buscó fundamentos seguros del conocimiento y definió sus límites con rigor lógico. Su aporte fue indispensable para construir la ciencia moderna. Sin embargo, tendió a concebir el saber cómo un problema abstracto, centrado en la verdad y la justificación.

Wagensberg, en El gozo intelectual, no niega la racionalidad ni el método científico, pero los integra en una visión más amplia y humana. El conocimiento es un proceso evolutivo, conversacional y creativo que produce placer porque responde a una necesidad profunda de la especie: comprender para sobrevivir en la incertidumbre.

Así, el paso de la epistemología clásica al gozo intelectual representa un desplazamiento: de la certeza a la curiosidad, del sujeto aislado al diálogo, de la verdad absoluta a la búsqueda de patrones, del conocimiento como deber al conocimiento como experiencia vital.  De desde  esta perspectiva, conocer no es solo demostrar que algo es verdadero, sino participar activamente en la aventura de comprender el mundo.