Edgardo A Marecos

sábado, febrero 14, 2026

 

La probabilidad previa:

la herramienta invisible que gobierna nuestras decisiones

Vivimos en modo bayesiano, aunque no lo sepamos

Cada vez que interpretamos un ruido en la noche, evaluamos un síntoma, leemos una noticia o decidimos en quién confiar, partimos de una expectativa previa sobre cómo es el mundo. Esa expectativa —lo que en estadística se llama probabilidad previa— no es una herramienta técnica reservada a especialistas: es el mecanismo cognitivo básico con el que organizamos la experiencia.

Primero creemos algo con cierto grado de confianza. Luego aparece información nueva.
Entonces ajustamos —o deberíamos ajustar— nuestra creencia. Ese proceso, que la teoría bayesiana formaliza, es también el núcleo del pensamiento cotidiano y del método científico. Sin embargo, rara vez o nunca se enseña de manera explícita.

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El déficit educativo invisible y la pedagogía de la incertidumbre

La escuela tradicional enseña respuestas correctas, no grados de confianza. Enseña resultados, no revisión de creencias. Enseña certezas, no probabilidades. El problema no es que la probabilidad esté ausente como contenido matemático —se enseñan dados, urnas y combinatoria—, sino que no se enseña su dimensión epistemológica: que toda creencia tiene un nivel de confianza, que la evidencia debe modificar ese nivel, que cambiar de opinión es un indicador de aprendizaje, no de debilidad. En un mundo atravesado por diagnósticos médicos probabilísticos, riesgos financieros, algoritmos predictivos y noticias contradictorias, esta omisión constituye un déficit educativo básico.

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Bayes más que un teorema : una ética del pensamiento: El pensamiento en términos de probabilidad previa introduce una forma de humildad cognitiva: no se trata de estar absolutamente en lo cierto, sino de estar razonablemente justificado con la información disponible. Esto tiene consecuencias cívicas directas, reduce el dogmatismo, permite desacuerdos racionales, favorece la revisión de posiciones, disminuye la manipulación basada en certezas aparentes. En otras palabras, la alfabetización probabilística es también alfabetización democrática.

Peirce: aprender es corregir creencias: El pragmatismo de Charles Sanders Peirce ofrece un marco sorprendentemente afín. Para Peirce, el conocimiento no consiste en verdades finales, sino en un proceso de: formular hipótesis, contrastarlas con la experiencia, estabilizar provisionalmente las creencias. La creencia es siempre revisable. El error no es una falla moral, sino el motor del aprendizaje. Esta concepción es estructuralmente bayesiana: aprender es actualizar.

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Gadamer: los prejuicios como condiciones de comprensión: Desde otra tradición, la hermenéutica de Hans-Georg Gadamer sostiene que nunca partimos de cero: interpretamos el mundo desde prejuicios entendidos como anticipaciones de sentido. Estos prejuicios: no deben eliminarse, deben hacerse explícitos, deben transformarse en el diálogo con la experiencia.

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Una pedagogía de la probabilidad previa es, al mismo tiempo, una pedagogía hermenéutica: enseñar a reconocer los propios supuestos y a revisarlos.

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¿Por qué no se enseña?

1.      

La omisión tiene causas históricas y estructurales: el modelo escolar basado en respuestas únicas, la evaluación estandarizada, la concepción del conocimiento como acumulación de certezas, la idea errónea de que la incertidumbre es demasiado abstracta para niños. Sin embargo, los niños manejan probabilidades intuitivas desde muy temprano: saben que algunas cosas son “más probables” que otras y que la experiencia puede cambiar lo que esperan. El obstáculo no es cognitivo, sino pedagógico.

 

Una didáctica posible

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Introducir la lógica de los priors no requiere fórmulas. Basta con prácticas sistemáticas: “¿Qué crees que va a pasar?” “¿Qué tan seguro estás?” “¿Qué información cambiaría tu idea?” Comparar predicciones con resultados, registrar cómo cambia la confianza. En ciencias, historia o ciudadanía, esto entrena: calibración de confianza, revisión de creencias, tolerancia a la incertidumbre. Es una alfabetización transversal.

No es utopía: ya ocurre, pero de forma parcial:

Aunque ningún sistema educativo ha institucionalizado explícitamente una pedagogía bayesiana, existen experiencias donde su lógica aparece de manera clara.

Finlandia: El currículo enfatiza que el conocimiento es provisional. Los estudiantes formulan hipótesis, justifican expectativas y revisan sus ideas ante la evidencia. Se evalúa la argumentación con distintos grados de respaldo.

Nueva Zelanda: El eje Nature of Science enseña explícitamente que la evidencia no produce certezas y que las teorías cambian. La dimensión epistemológica es parte del contenido.

Canadá (algunas provincias):Programas de alfabetización de datos trabajan con predicciones, resultados y niveles de confianza desde edades tempranas.

Reino Unido: La probabilidad se vincula con decisiones reales y se introduce el razonamiento sobre probabilidades de base en contextos aplicados. En todos estos casos, la estructura bayesiana está presente, aunque no se nombre como tal.

Contenidos versus transformación de creencias

La diferencia entre el modelo tradicional y el probabilístico puede resumirse así:

Modelo tradicional

  Modelo epistemológico-probabilístico

Respuesta correcta

  Grado de confianza

Conocimiento fijo

  Conocimiento revisable

Error como falla

  Error como aprendizaje

Opinión vs. verdad

  Creencia con evidencia

 

Los sistemas educativos más innovadores se acercan al segundo, pero aún no lo han formalizado plenamente.

Una tarea pendiente y posible

Hacer explícita la probabilidad previa en la educación no significa convertir a los estudiantes en estadísticos, sino formar mentes capaces de: reconocer sus supuestos, dialogar con la evidencia, cambiar de opinión sin perder identidad intelectual.

Esto integra:

  • el pragmatismo de Peirce,
  • la hermenéutica de Gadamer,
  • la lógica bayesiana,
  • y una pedagogía de la incertidumbre.

No es una reforma técnica, sino cultural.

Conclusión: educar para lo probable

La probabilidad previa es la estructura básica con la que pensamos, decidimos y conocemos. Su ausencia explícita en la educación inicial constituye un déficit formativo fundamental, pero no inevitable. Existen prácticas, marcos filosóficos y experiencias curriculares que muestran que puede enseñarse desde los primeros años. En una época de sobreinformación, polarización y decisiones complejas, la alfabetización probabilística es una condición de la autonomía intelectual y de la convivencia democrática.

Quizá el objetivo más urgente de la educación no sea transmitir más certezas,
sino enseñar a vivir con grados de confianza, a revisar creencias sin temor y a comprender que cambiar de opinión con evidencias es aprendizaje. Porque educar no es entregar verdades finales, sino formar sujetos capaces de moverse con inteligencia en el territorio de lo probable