Las etapas de la competencia
como criterio pedagógico
Conciencia,
epistemología y enseñanza significativa desde Maslow y Ausubel
La figura
explicita etapas claramente . algo que sin dudas permanece la mayoría de las
veces oculta y que nos revelan las profundidades del aprendizaje el cual no es un proceso lineal ni
meramente acumulativo. En la década del 90 cuando Mili Bluvstein era Decano de
Medicina tuvimos los docentes la
oportunidad de hacer Posgrados de Educación,
una actividad para quienes lo deseáramos. Desde esta perspectiva pudimos
avanzar hacia una pedagógica profunda, donde aprender implica una transformación
progresiva de los marcos de comprensión y de la relación con el saber. En
este sentido, el esquema de las cuatro etapas de la competencia —incompetencia
inconsciente, incompetencia consciente, competencia consciente y competencia
inconsciente— puede leerse como un criterio pedagógico normativo,
especialmente si se lo articula con el pensamiento de Abraham Maslow y con la
propuesta de aprendizaje significativo de David Ausubel, ambas absolutamente
necesarias.
El problema
central de la enseñanza no es qué se enseña, sino desde dónde se enseña y desde
dónde se aprende . Cuando esa distancia no se
reconoce, la pedagogía deja de habilitar procesos de crecimiento y comienza a
producir frustración, arbitrariedad y exclusión.
Lo de
Maslow implica 4 etapas que deben ser tenidas en cuenta obligatoriamente por el
docente y trasmitirlas específicamente al aprendiz
1. Incompetencia inconsciente
El aprendiz no sabe que no sabe desconoce la existencia misma del problema. No percibe que le falta un
marco conceptual o una herramienta de pensamiento, y por eso interpreta sus
dificultades como un déficit de esfuerzo, memoria o dedicación. Desde
una lectura maslowiana, este estado se caracteriza por una ausencia de
conciencia reflexiva sobre el propio proceso de conocimiento. El alumno aún
no ha tematizado el saber cómo problema. Si el docente no interviene, tiende a
culpabilizarse o a frustrarse, atribuyendo el fracaso a una carencia personal.
El rol del
docente en esta etapa es fundamental: Nombrar el problema, mostrar
que existe un nivel no visible del saber, introducir la idea de marco,
mapa o perspectiva, hacerlo visible no
simplifica el conocimiento: lo vuelve accesible.
2. Incompetencia consciente
Es el
umbral epistemológico y el mayor peligro pedagógico: La segunda etapa constituye el núcleo epistemológico del proceso de
aprendizaje, aun cuando la epistemología no sea nombrada explícitamente. Aquí
el aprendiz ya sabe que algo le falta, pero no puede identificar qué es. Ha
salido de la ignorancia ingenua, pero todavía no accede a la estructura del
problema.
Esta etapa
es epistemológica por ausencia: hay un marco que falta, una perspectiva
no disponible, una regla del juego que no ha sido explicitada. El problema no
es de contenido, sino de posición frente al saber. Desde lo pedagógico,
esta es la etapa más peligrosa. En
términos maslowianos, este es un momento de alta vulnerabilidad subjetiva:
el aprendiz es consciente del límite,
pero no dispone aún de las herramientas para superarlo. Por eso, se las debe explicitar
en esta etapa. El silencio docente transforma un problema epistemológico en
una herida subjetiva. Aquí enseñar no es dar más información, sino dar
lenguaje explicito.
3. Competencia consciente
La epistemología como práctica guiada: En la tercera etapa, el alumno comienza a utilizar el marco conceptual,
aunque con esfuerzo. El saber está presente, pero no automatizado. Pensar
requiere atención, explicitación y corrección constante. Maslow describe
este momento como aprendizaje deliberado: la conciencia está plenamente
involucrada. El alumno sabe qué hace, pero aún no lo hace con naturalidad. El
rol docente aquí implica: andamiaje explícito, verbalización de procedimientos,
exposición del “paso a paso mental”.
La
epistemología deja de ser discurso abstracto y se convierte en práctica guiada.
El error deja de ser un fracaso y pasa a ser una señal de ajuste del marco.
4. Competencia inconsciente
El saber incorporado y el riesgo del experto En la etapa de competencia inconsciente, el saber está incorporado y
automatizado. Para Maslow, este nivel se vincula con el funcionamiento óptimo y
la autorrealización. El problema pedagógico aparece cuando el docente
enseña desde esta etapa a aprendices que se encuentran en la 1 o la 2. Enseñar
bien implica volver consciente lo que no
lo es.
La articulación con Ausubel: enseñar desde lo que el alumno ya sabe Esta recomendación pareciera algo sin el valor que realmente lo tiene: La
propuesta de David Ausubel es central en el aprendizaje . Principio
fundamental —“el factor más importante que influye en el aprendizaje es lo que
el alumno ya sabe”— no es solo metodológico, sino profundamente epistemológico.
Enseñar
desde lo que el alumno ya sabe implica: reconocer su etapa de competencia, identificar
sus marcos previos, detectar ausencias, confusiones y supuestos implícitos.
De aquí se
desprende la evaluación diagnóstica como momento pedagógico esencial, no para
clasificar ni sancionar, sino para situar epistemológicamente al alumno antes
de comenzar el proceso de enseñanza.
Durante los
años de docencia hicimos evaluación
diagnóstica la que nos permite: saber si el alumno está en la etapa 1 o 2, identificar
qué marcos faltan, evitar enseñar desde una competencia que el alumno aún no
puede habitar.
Aprender a aprender como
consecuencia pedagógica
La
articulación entre Maslow y Ausubel conduce directamente al eje de aprender
a aprender. Cuando el alumno reconoce que sus dificultades no son
personales sino epistemológicas, comienza a desarrollar conciencia sobre
cómo aprende, desde dónde piensa y qué necesita para avanzar.
Aprender a
aprender no es una técnica, sino un efecto pedagógico de: marcos explícitos, criterios
visibles, acompañamiento en los umbrales epistemológicos.
Enseñar no
es solo transmitir saberes, sino formar aprendices capaces de reconocer sus
propios procesos de conocimiento.
Conclusion pedagógica
final
Desde la
integración de Maslow y Ausubel se desprende un principio claro: El buen
docente enseña desde la etapa del alumno, partiendo de lo que ya sabe, y
haciendo explícito lo que aún no puede ver. Esto
implica: volver visible lo invisible, asumir que explicar “lo obvio” no
empobrece el saber, sino que lo democratiza. Enseñar es, en primera instancia,
un acto de responsabilidad epistemológica y ética.