Problemas,
hipótesis, crítica y evolución del conocimiento científico
Una integración de Peirce, Popper, Lakatos y
Delbrück
La epistemología contemporánea
puede entenderse como un esfuerzo sistemático por explicar cómo progresa el
conocimiento científico sin recurrir ni a verdades absolutas ni al relativismo.
En este marco, los aportes de Charles S. Peirce, Karl Popper, Imre Lakatos y
Max Delbrück permiten construir una concepción integrada del conocimiento como
un proceso dinámico, falible, creativo y evolutivo, en el cual el error
ocupa un lugar central y positivo.
Karl Popper
sostiene que todo conocimiento comienza con un problema y no con la simple
observación. Los sujetos cognoscentes no se
enfrentan a un mundo neutro, sino que poseen expectativas previas respecto de
regularidades. Cuando estas expectativas se ven perturbadas, surge una
situación problemática que exige una explicación. A partir de allí se inicia
una secuencia característica del avance del conocimiento: formulación de
hipótesis, intentos de solución, eliminación crítica de los errores y
surgimiento de nuevos problemas. Este proceso es indefinido y convierte al
conocimiento científico en una empresa esencialmente abierta.
El núcleo de la epistemología
popperiana es el falsacionismo. Ninguna teoría puede ser verificada de manera
definitiva, pero sí puede ser refutada por una sola observación contraria. Esta
asimetría entre verdad y error transforma al error en el verdadero motor del
progreso científico. La aceptación de una hipótesis es siempre provisoria y
racionalmente justificada solo en función de su resistencia a intentos severos
de refutación. De este modo, Popper propone una ética del conocimiento basada
en la crítica permanente, la modestia intelectual y el rechazo del pensamiento
dogmático.
La teoría de los tres mundos
refuerza esta posición. El mundo uno corresponde a los objetos físicos; el
mundo dos, a los estados mentales y teorías subjetivas; y el mundo tres, a las
teorías objetivadas y externalizadas mediante el lenguaje científico. Es en
este tercer mundo donde las teorías pueden ser discutidas, evaluadas y
refutadas sin que quienes las sostienen deban defenderlas con su propia
integridad, lo que marca una diferencia fundamental entre el aprendizaje humano
y el animal.
Sin
embargo, Popper no desarrolla en profundidad el problema del origen de las
hipótesis. Este vacío es abordado de manera decisiva por
Charles S. Peirce. Para Peirce, el punto de partida del conocimiento no es la
hipótesis, sino el hecho sorprendente: un acontecimiento que rompe un hábito de
creencia y genera una duda genuina. Esa duda constituye el problema. La
hipótesis surge posteriormente mediante un razonamiento abductivo, es decir,
como una inferencia creativa que propone una posible explicación tal que, si
fuera verdadera, haría comprensible el hecho inicialmente desconcertante.
La abducción no garantiza verdad
ni certeza, sino plausibilidad. En este sentido, la hipótesis peirceana no
inaugura el problema, sino que emerge como el primer intento racional de
resolver una situación problemática previamente constituida. Así, Peirce complementa
a Popper: mientras Popper se ocupa del control crítico de las conjeturas,
Peirce explica el mecanismo creativo mediante el cual dichas conjeturas se
generan.
Asimismo, Peirce concibe la
ciencia como una empresa comunitaria orientada al largo plazo, en la que la
verdad funciona como un ideal regulativo. El conocimiento no es el producto de
una mente aislada, sino de una práctica colectiva sostenida por hábitos,
métodos y criterios compartidos. Esta dimensión social del conocimiento prepara
el terreno para comprender el enfoque de Imre Lakatos.
Lakatos critica el falsacionismo
ingenuo por no reflejar adecuadamente la práctica científica real. En lugar de
analizar teorías aisladas, propone como unidad de análisis los programas de
investigación científica. Cada programa se estructura en torno a un núcleo
duro que la comunidad científica se compromete a proteger, un cinturón de
hipótesis auxiliares que absorbe las anomalías, y una heurística positiva que
orienta la formulación de nuevas hipótesis y predicciones. Las refutaciones
no actúan de manera inmediata sobre el núcleo, sino que el cambio científico se
produce cuando un programa rival demuestra ser más progresivo.
Un programa
de investigación es progresivo cuando amplía su poder explicativo y predictivo,
y degenerativo cuando se limita a introducir ajustes ad hoc para defenderse de
las anomalías. De este modo, Lakatos logra
integrar la racionalidad crítica popperiana con una concepción histórica del
desarrollo científico, mostrando que el progreso no es instantáneo ni puramente
lógico, sino comparativo, gradual y situado.
Max
Delbrück desde la biología molecular, concibe tanto la
ciencia como la vida misma como procesos de variación, error y selección.
La mutación introduce diversidad, el entorno elimina las configuraciones
inviables y solo algunas estructuras persisten. Refuerza la idea popperiana
de que el conocimiento es un fenómeno biológico y muestra que el error no es
una falla accidental, sino una condición necesaria del avance.
Permite comprender que, especialmente en las
ciencias de la vida, el progreso no siempre se produce mediante refutaciones
claras y directas, sino a través de modelos provisorios y exploratorios, en
consonancia con la noción lakatosiana de programas de investigación.
En
conjunto, los aportes de Peirce, Popper, Lakatos y Delbrück convergen en una imagen integrada del conocimiento científico:
El conocimiento surge cuando una expectativa se ve perturbada y da lugar
a un problema; la abducción propone hipótesis plausibles como respuestas
iniciales; la crítica falsacionista regula su aceptación provisoria; los
programas de investigación explican la estabilidad y el cambio histórico de las
teorías; y la biología muestra que este proceso es coherente con la lógica
evolutiva de la vida misma.
Epílogo
La integración de estas
perspectivas permite comprender el conocimiento científico no como un sistema
de verdades definitivas, sino como una práctica racional, falible y en
permanente transformación. Lejos de iniciarse en observaciones puras o certezas
inmediatas, el conocimiento emerge de la ruptura de expectativas y de la
formulación de problemas significativos. La creatividad abductiva, la crítica
racional, la persistencia histórica de los marcos teóricos y la lógica
evolutiva del error configuran, en conjunto, el modo en que la ciencia avanza. Conocer
no es alcanzar una verdad final, sino aprender a formular mejores problemas,
proponer hipótesis más fecundas y sostener una actitud de duda activa.
En esta
perspectiva, el error deja de ser un límite del conocimiento para convertirse
en su principal motor, y la racionalidad científica se define no por la
certeza, sino por su apertura crítica al cambio y a la revisión constante. El
conocimiento no es un lugar es un camino
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