martes, febrero 10, 2026

 

Problemas, hipótesis, crítica y evolución del conocimiento científico





Una integración de Peirce, Popper, Lakatos y Delbrück

La epistemología contemporánea puede entenderse como un esfuerzo sistemático por explicar cómo progresa el conocimiento científico sin recurrir ni a verdades absolutas ni al relativismo. En este marco, los aportes de Charles S. Peirce, Karl Popper, Imre Lakatos y Max Delbrück permiten construir una concepción integrada del conocimiento como un proceso dinámico, falible, creativo y evolutivo, en el cual el error ocupa un lugar central y positivo.

Karl Popper sostiene que todo conocimiento comienza con un problema y no con la simple observación. Los sujetos cognoscentes no se enfrentan a un mundo neutro, sino que poseen expectativas previas respecto de regularidades. Cuando estas expectativas se ven perturbadas, surge una situación problemática que exige una explicación. A partir de allí se inicia una secuencia característica del avance del conocimiento: formulación de hipótesis, intentos de solución, eliminación crítica de los errores y surgimiento de nuevos problemas. Este proceso es indefinido y convierte al conocimiento científico en una empresa esencialmente abierta.

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El núcleo de la epistemología popperiana es el falsacionismo. Ninguna teoría puede ser verificada de manera definitiva, pero sí puede ser refutada por una sola observación contraria. Esta asimetría entre verdad y error transforma al error en el verdadero motor del progreso científico. La aceptación de una hipótesis es siempre provisoria y racionalmente justificada solo en función de su resistencia a intentos severos de refutación. De este modo, Popper propone una ética del conocimiento basada en la crítica permanente, la modestia intelectual y el rechazo del pensamiento dogmático.

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La teoría de los tres mundos refuerza esta posición. El mundo uno corresponde a los objetos físicos; el mundo dos, a los estados mentales y teorías subjetivas; y el mundo tres, a las teorías objetivadas y externalizadas mediante el lenguaje científico. Es en este tercer mundo donde las teorías pueden ser discutidas, evaluadas y refutadas sin que quienes las sostienen deban defenderlas con su propia integridad, lo que marca una diferencia fundamental entre el aprendizaje humano y el animal.

Sin embargo, Popper no desarrolla en profundidad el problema del origen de las hipótesis. Este vacío es abordado de manera decisiva por Charles S. Peirce. Para Peirce, el punto de partida del conocimiento no es la hipótesis, sino el hecho sorprendente: un acontecimiento que rompe un hábito de creencia y genera una duda genuina. Esa duda constituye el problema. La hipótesis surge posteriormente mediante un razonamiento abductivo, es decir, como una inferencia creativa que propone una posible explicación tal que, si fuera verdadera, haría comprensible el hecho inicialmente desconcertante.

La abducción no garantiza verdad ni certeza, sino plausibilidad. En este sentido, la hipótesis peirceana no inaugura el problema, sino que emerge como el primer intento racional de resolver una situación problemática previamente constituida. Así, Peirce complementa a Popper: mientras Popper se ocupa del control crítico de las conjeturas, Peirce explica el mecanismo creativo mediante el cual dichas conjeturas se generan.

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Asimismo, Peirce concibe la ciencia como una empresa comunitaria orientada al largo plazo, en la que la verdad funciona como un ideal regulativo. El conocimiento no es el producto de una mente aislada, sino de una práctica colectiva sostenida por hábitos, métodos y criterios compartidos. Esta dimensión social del conocimiento prepara el terreno para comprender el enfoque de Imre Lakatos.

Lakatos critica el falsacionismo ingenuo por no reflejar adecuadamente la práctica científica real. En lugar de analizar teorías aisladas, propone como unidad de análisis los programas de investigación científica. Cada programa se estructura en torno a un núcleo duro que la comunidad científica se compromete a proteger, un cinturón de hipótesis auxiliares que absorbe las anomalías, y una heurística positiva que orienta la formulación de nuevas hipótesis y predicciones. Las refutaciones no actúan de manera inmediata sobre el núcleo, sino que el cambio científico se produce cuando un programa rival demuestra ser más progresivo.

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Un programa de investigación es progresivo cuando amplía su poder explicativo y predictivo, y degenerativo cuando se limita a introducir ajustes ad hoc para defenderse de las anomalías. De este modo, Lakatos logra integrar la racionalidad crítica popperiana con una concepción histórica del desarrollo científico, mostrando que el progreso no es instantáneo ni puramente lógico, sino comparativo, gradual y situado.

Max Delbrück desde la biología molecular, concibe tanto la ciencia como la vida misma como procesos de variación, error y selección. La mutación introduce diversidad, el entorno elimina las configuraciones inviables y solo algunas estructuras persisten. Refuerza la idea popperiana de que el conocimiento es un fenómeno biológico y muestra que el error no es una falla accidental, sino una condición necesaria del avance.

Permite comprender que, especialmente en las ciencias de la vida, el progreso no siempre se produce mediante refutaciones claras y directas, sino a través de modelos provisorios y exploratorios, en consonancia con la noción lakatosiana de programas de investigación.

En conjunto, los aportes de Peirce, Popper, Lakatos y Delbrück convergen en una imagen integrada del conocimiento científico:

El conocimiento surge cuando una expectativa se ve perturbada y da lugar a un problema; la abducción propone hipótesis plausibles como respuestas iniciales; la crítica falsacionista regula su aceptación provisoria; los programas de investigación explican la estabilidad y el cambio histórico de las teorías; y la biología muestra que este proceso es coherente con la lógica evolutiva de la vida misma.

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Epílogo

La integración de estas perspectivas permite comprender el conocimiento científico no como un sistema de verdades definitivas, sino como una práctica racional, falible y en permanente transformación. Lejos de iniciarse en observaciones puras o certezas inmediatas, el conocimiento emerge de la ruptura de expectativas y de la formulación de problemas significativos. La creatividad abductiva, la crítica racional, la persistencia histórica de los marcos teóricos y la lógica evolutiva del error configuran, en conjunto, el modo en que la ciencia avanza. Conocer no es alcanzar una verdad final, sino aprender a formular mejores problemas, proponer hipótesis más fecundas y sostener una actitud de duda activa.

En esta perspectiva, el error deja de ser un límite del conocimiento para convertirse en su principal motor, y la racionalidad científica se define no por la certeza, sino por su apertura crítica al cambio y a la revisión constante. El conocimiento no es un lugar es un camino

 

 

 

 

 

 

 

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