lunes, febrero 09, 2026

 

Nacimiento de la ciencia: un enfoque histórico y epistemológico

Introducción y objetivos

Determinar el momento exacto del nacimiento de la ciencia resulta una tarea tan atractiva como problemática. A diferencia de otros hitos históricos claramente fechables, la ciencia no irrumpe de manera súbita, sino que emerge gradualmente como una forma particular de relacionarse con el mundo. Este trabajo propone reflexionar sobre ese proceso, entendiendo la ciencia no como un conjunto cerrado de verdades, sino como una práctica humana histórica, perfectible y profundamente ligada a su contexto cultural.

Los objetivos son:

  1. analizar el surgimiento de la actitud científica desde la antigüedad hasta la ciencia moderna;
  2. discutir el problema de la demarcación entre lo científico y lo no científico;
  3. reflexionar sobre la diferencia entre teorías antiguas y teorías obsoletas;
  4. presentar la clasificación de teorías científicas propuesta por Roger Penrose como herramienta conceptual para la divulgación.

Diagrama

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Si se busca un origen remoto de la ciencia, podría pensarse en actividades tan elementales como el dominio del fuego, la agricultura, la invención de la rueda o la elaboración de alimentos mediante procesos de fermentación. Estas prácticas no constituían ciencia en el sentido moderno, pero implicaban observación, repetición, aprendizaje y transmisión de conocimientos, rasgos fundamentales de la actividad científica.

Sin embargo, un cambio cualitativo se produce en la Grecia antigua, cuando algunos pensadores comienzan a explicar los fenómenos naturales sin recurrir al mito. Tales de Mileto, considerado por muchos como el primer sabio griego, inaugura una tradición en la que la naturaleza pasa a ser objeto de explicación racional. Junto a él, figuras como Anaxágoras, Pitágoras, Demócrito o Hipócrates aportan modelos explicativos que, más allá de su validez actual, establecen una nueva forma de preguntar por el mundo.

Este impulso racional se ve interrumpido o diluido durante siglos, hasta que, a partir del Renacimiento, la ciencia experimenta un nuevo florecimiento. Personajes como Leonardo da Vinci, Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Bacon y Galileo introducen elementos decisivos: la observación sistemática, la matematización de la naturaleza y el experimento controlado. Este proceso alcanza una síntesis extraordinaria en la obra de Isaac Newton, quien articula en un marco coherente la dinámica, la gravitación y el cálculo matemático.

Newton no solo produce resultados notables, sino que establece un modelo mecanicista del mundo que sigue siendo plenamente válido para describir fenómenos cotidianos, es decir, aquellos que no involucran velocidades cercanas a la de la luz ni escalas microscópicas extremas.

Marco epistemológico: el problema de la demarcación

Una de las cuestiones centrales de la filosofía de la ciencia es determinar qué distingue al conocimiento científico de otras formas de conocimiento. Este problema, conocido como criterio de demarcación, no admite una respuesta única ni definitiva.

Una primera postura sostiene que una teoría es científica si puede ser confirmada por los hechos. En la práctica cotidiana, este criterio resulta intuitivo y necesario: observamos, comprobamos y reforzamos nuestras creencias a partir de la experiencia. Sin embargo, la confirmación por sí sola resulta insuficiente desde un punto de vista lógico, ya que ninguna cantidad finita de observaciones garantiza la verdad universal de una teoría.

En oposición parcial a esta postura, Karl Popper propone la falsación como criterio de demarcación. Según esta concepción, una teoría es científica si puede, al menos en principio, ser refutada por la experiencia. Las teorías no se verifican, sino que sobreviven provisionalmente a intentos sistemáticos de refutación. Este enfoque, aunque conceptualmente robusto, resulta incómodo en la práctica, ya que implica trabajar activamente en contra de las propias ideas.

Texto, Aplicación

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La frase atribuida a W. Barrett, “sin una teoría los hechos son una turba y no un ejército”, resume con claridad la necesidad de marcos conceptuales que organicen la experiencia, aun sabiendo que dichos marcos son siempre revisables.

Discusión: antiguo, obsoleto y la clasificación de Penrose

En el discurso cotidiano, el calificativo “antiguo” suele emplearse como sinónimo de “obsoleto”. Esta identificación es problemática, especialmente en ciencia. Una teoría puede ser antigua y, sin embargo, conservar plena vigencia dentro de su dominio de aplicación.

La literatura ofrece ejemplos ilustrativos de esta confusión. Los cuentos de Hans Christian Andersen, como El traje nuevo del emperador o El patito feo, mantienen intacta su fuerza conceptual a pesar del paso del tiempo. De modo análogo, Roger Penrose retoma esta metáfora en La nueva mente del emperador para reflexionar sobre el estatus de las teorías científicas.

Penrose propone una clasificación en tres categorías. Las teorías supremas son aquellas que combinan gran exactitud con un amplio dominio de aplicación. En este grupo incluye teorías de distinta antigüedad, como la geometría euclidiana, la mecánica newtoniana, la teoría de la evolución de Darwin, el electromagnetismo de Maxwell y las teorías de la relatividad especial y general, así como la teoría cuántica de campos (exceptuando la gravedad).

Imagen que contiene Tabla

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Las teorías útiles ocupan un nivel distinto. Son modelos poderosos, con gran capacidad explicativa, pero cuyo estatus ontológico o fundamento último permanece abierto. Ejemplos de este grupo son la teoría de los quarks y la teoría del Big Bang, ampliamente difundida como explicación del origen del universo.

Finalmente, Penrose menciona la existencia de teorías provisionales, carentes de sustento experimental sólido. Estas no son enumeradas explícitamente, y el propio autor admite, con ironía, que su silencio se debe al deseo de no quedarse sin amigos.

Conclusiones

La historia de la ciencia muestra que el conocimiento no avanza mediante reemplazos abruptos, sino a través de procesos de acumulación, ajuste y delimitación. Las teorías más exitosas no son descartadas, sino restringidas a los dominios donde continúan siendo válidas.

Comprender la ciencia como una actividad humana, histórica y provisional permite evitar dos errores frecuentes: el rechazo injustificado de teorías antiguas y la aceptación acrítica de ideas novedosas. En este sentido, el verdadero progreso científico no reside únicamente en producir nuevas teorías, sino en comprender con mayor claridad el alcance y los límites de las que ya poseemos.

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