jueves, febrero 19, 2026

 

Vivir en el panóptico sin torre

El panóptico digital: La autoridad invisible en la era de las redes

Un simple acto cotidiano —revisar el celular apenas comienza el día para ver si alguien reaccionó a una publicación— encierra una de las transformaciones históricas e institucionales más profundas de nuestra época. Hoy, el control social ya no requiere de muros ni de guardias armados; funciona a través de una expectativa silenciosa: la necesidad de ver, ser visto y estar presente.

Para comprender este fenómeno, es útil analizar cómo ha evolucionado el concepto de "vigilancia" desde las cárceles del siglo XVIII hasta las plataformas digitales del presente.

De la torre de vigilancia a la red sin centro

Interfaz de usuario gráfica, Texto

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A finales del siglo XVIII, el filósofo Jeremy Bentham diseñó el panóptico: un modelo de prisión circular con una torre de vigilancia en el centro. Su eficacia radicaba en que el preso nunca sabía si el guardia lo estaba mirando, por lo que terminaba asumiendo que siempre era observado y, en consecuencia, adaptaba su comportamiento. Era una máquina perfecta de disciplina mediante el miedo al castigo.

En la sociedad contemporánea, el panóptico ha sufrido una mutación radical:

  • Desapareció el centro: Ya no hay un guardia en una torre; la red es ubicua.
  • Se volvió voluntario: Las personas no son forzadas a entrar en este sistema; participan de él por voluntad propia.
  • Cambió el objetivo: Ya no se busca evitar el castigo, sino capturar la mirada del otro.

Interfaz de usuario gráfica, Aplicación

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Conceptos clave de la nueva vigilancia

Para entender cómo opera esta nueva forma de control social, podemos identificar tres dinámicas principales:

  • La economía de la atención: En este nuevo ecosistema, la atención es la moneda de cambio. Los premios materiales y los castigos físicos han sido reemplazados por recompensas simbólicas (visibilidad, likes, pertenencia) y sanciones igualmente simbólicas (el silencio, la indiferencia, la pérdida de relevancia). La invisibilidad se percibe hoy como una forma de exclusión social.
  • La vigilancia horizontal: El observador central del panóptico clásico se ha democratizado. Hoy, todos los usuarios son observadores y observados al mismo tiempo. Al revisar quién está activo, quién responde y quién desaparece, la vigilancia se vuelve recíproca y el poder se vuelve difuso, lo que hace más difícil cuestionarlo.
  • La paradoja de la libertad y la identidad performativa: Aunque existen más herramientas que nunca para expresarse libremente, esta libertad convive con la presión constante de producir contenido. La vida cotidiana adopta un carácter teatral o performativo: la identidad se construye a partir de lo que se narra, se muestra y se mide.

El cambio de paradigma en perspectiva

Característica

Panóptico Clásico (Disciplinario)

Panóptico Contemporáneo (Digital)

Estructura

Edificio físico con una torre central.

Red difusa, digital y sin centro.

Dirección de la mirada

Un guardia observa a muchos (Vertical).

Todos observan a todos (Horizontal).

Motivación humana

Miedo al castigo (Ocultarse).

Deseo de validación (Mostrarse).

Sanción principal

Castigo físico o encierro material.

Indiferencia y exclusión simbólica.

 

La realidad televisada frente a la vida cotidiana

Programas de telerrealidad como Gran Hermano funcionan como una metáfora perfecta de esta lógica: hacen evidente cómo la visibilidad es un recurso y la irrelevancia es motivo de eliminación. Sin embargo, estas representaciones mediáticas operan bajo el lenguaje de la espectacularidad y el conflicto constante. En contraste, la vida real (desconectada) se caracteriza por ser difusa y operar a un ritmo diferente:

La demora: Mientras la pantalla acelera la información para facilitar su consumo rápido, la vida real se toma su tiempo, permitiendo que se experimenten dudas, contradicciones y matices.

La complejidad: Fuera de la pantalla, los conflictos no suelen tener música de tensión ni resoluciones inmediatas. Se resuelven o se sostienen a través de silencios, tiempos muertos y gestos pequeños.

Conclusión

La autoridad contemporánea ya no prohíbe; incentiva. La vigilancia dejó de ser una estructura impuesta desde afuera para convertirse en una práctica interiorizada. Al comprender esto, es posible observar críticamente nuestro propio comportamiento y reconocer en qué medida nuestras acciones diarias están orientadas por esa mirada invisible e internalizada de los demás.

 

 

 

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