martes, enero 13, 2026

 

Retroceder para avanzar:

un método cartesiano para la vida cotidiana

La incertidumbre como síntoma

Vivimos en una época en la que la incertidumbre es un problema tanto de la física cuántica como de  la experiencia cotidiana . La saturación informativa, la volatilidad de las agendas, la fragilidad de los vínculos y la aceleración de los acontecimientos obligan  a decidir de manera constante en un marco de duda casi permanente.

En un entorno de saturación informativa y aceleración constante, operamos muchas veces de forma automática y reactiva, habiendo olvidado cómo pensar metódicamente. La solución propuesta es una suerte de "vivir basado en la evidencia", análogo a la Medicina Basada en la Evidencia, que no busca eliminar la incertidumbre, sino hacerla habitable.

En este contexto reaparece una pregunta elemental, tan antigua como vigente: ¿qué somos cuando decidimos? La respuesta que René Descartes formula en 1637 conserva una fuerza inesperada: somos una cosa que piensa. Y pensar —aclara— no es solo razonar en abstracto, sino dudar, afirmar, negar, querer, imaginar. El problema no es que hayamos dejado de pensar, sino que hemos olvidado cómo hacerlo. Operamos en automático, reaccionamos antes de comprender.

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Es aquí donde el Discurso del método deja de ser un texto filosófico distante para convertirse en una herramienta práctica. La medicina contemporánea, al adoptar el rigor cartesiano bajo la forma de la Medicina Basada en la Evidencia, ofrece ¨un¨ ejemplo particularmente visible —pero no exclusivo— de cómo el método puede reducir errores en contextos de alta incertidumbre. A partir de su aplicación y nominación hoy  su análogo existencial: es  vivir basado en la evidencia, orientado no a eliminar la incertidumbre, sino a hacerla habitable.

 

I. La evidencia: el filtro contra el ruido

La primera regla del método cartesiano es clara y exigente: no aceptar nada como verdadero que no se presente de manera clara y distinta. En el siglo XVII, esta regla operaba como una ruptura con la autoridad de la tradición escolástica; en el siglo XXI, funciona como un antídoto frente a la posverdad, la sobreinformación y la ansiedad cognitiva.

En la vida cotidiana, la precipitación es nuestro método dominante. Un mensaje ambiguo, un comentario fuera de contexto, un titular alarmista o un rumor laboral activan respuestas emocionales inmediatas antes de que la razón intervenga. Aplicar la primera regla no significa desconfiar de todo, sino suspender el juicio. Preguntarse: ¿qué evidencia tengo realmente?, ¿esto que doy por cierto está fundado o es una inferencia dictada por mis temores?

Buscar lo claro y distinto no es un ejercicio académico, sino una forma elemental de higiene mental. En una cultura que premia la reacción rápida, detenerse a evaluar la evidencia es, paradójicamente, un gesto de resistencia.

II.- Análisis: el arte de dividir

La segunda regla cartesiana propone dividir cada dificultad en tantas partes como sea posible. La experiencia cotidiana confirma la necesidad de este principio: los problemas vitales suelen presentarse como totalidades opacas —“mi vida”, “mi trabajo”, “mi situación económica”— que paralizan por su magnitud.

Escala de tiempo

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Aquí cobra sentido la consigna que da título al ensayo: retroceder para avanzar. Analizar implica desandar el camino, ir de los efectos a las causas, frenar la inercia de la huida hacia adelante. El análisis reduce el tamaño del problema sin trivializarlo. El ¨monstruo¨, al ser fragmentado, pierde su aura de invencibilidad. No desaparece, pero se vuelve tratable. Esta es una de las enseñanzas más fértiles del método: lo que parece insoluble como totalidad suele ser manejable como conjunto de partes.

 

III. y IV. - Síntesis y enumeración: la arquitectura del orden

El método no se agota en la descomposición. A la fase analítica le sigue la reconstrucción. La tercera regla —conducir ordenadamente los pensamientos— Y la cuarta —realizar enumeraciones completas— constituyen una respuesta directa al imperio del fragmento.

En la vida cotidiana tendemos a absolutizar lo anecdótico. Un error puntual se transforma en identidad; un fracaso aislado se vuelve diagnóstico definitivo. Frente a esta distorsión, el método propone una operación que podríamos denominar la alquimia del siglo XXI: el metaanálisis personal. La enumeración obliga a revisar el panorama completo: los aciertos y los errores, las continuidades y las rupturas. La síntesis integra esas experiencias en una trayectoria, permitiendo distinguir tendencias de accidentes. Este movimiento no elimina el error, pero impide que se convierta en condena total.

Texto, Aplicación

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Conclusión. La pericia de vivir

Aplicar evidencia, análisis, síntesis y revisión en la vida cotidiana no garantiza decisiones infalibles, pero sí reduce el margen de error cognitivo y el costo emocional de equivocarse. Retrocedemos hacia la razón para poder avanzar . En un mundo saturado de respuestas rápidas y certezas frágiles,  el gesto más prudente consiste en recuperar el derecho a dudar metódicamente antes de dar el siguiente paso.

 

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