viernes, enero 09, 2026

 

Investigando en los huecos de la basura

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¿Qué pasaba en los huecos (las sinapsis)?

Ya no acariciaba el ingenuo propósito de hallar en el cerebro al yo, el ello y el superyó como entidades localizables, y lo había reemplazado por una idea algo menos vaga, aunque más fecunda: tenía la impresión de que, determinando el fundamento biológico de la memoria, podría acercarme a la comprensión de los procesos mentales superiores.

Para mí era evidente que el aprendizaje y la memoria constituyen procesos cruciales tanto para el psicoanálisis como para la psicoterapia. Al fin y al cabo, muchos problemas psicológicos son productos del aprendizaje, y el psicoanálisis descansa sobre el principio de que lo aprendido puede desaprenderse. Sin embargo, se pasaba por alto el hecho de que ciertas formas elementales de aprendizaje son comunes a todos los animales. Me parecía probable que, en el curso de la evolución, los seres humanos hubieran conservado algunos de los mecanismos celulares de aprendizaje y almacenamiento de recuerdos que ya estaban presentes en animales más simples.                                                                                                             

                                                                                                                                                                                     Eric Kandel

 

Este modo de pensar resultó clave para estudiar un organismo menos complejo; la Aplysia californica (del griego aplysia: basura), un molusco marino con un sistema nervioso notablemente simple, compuesto por aproximadamente 20.000 neuronas, frente a las más de 10¹¹ neuronas presentes en algunos cerebros humanos. La utilización de este organismo como modelo experimental le permitió a Eric Kandel recibir el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en el año 2000, por sus investigaciones acerca de los mecanismos moleculares de la memoria.

La Aplysia, también conocida como liebre de mar debido a sus dos tentáculos cefálicos semejantes a orejas, presenta un reflejo defensivo elemental: ante chorros de agua de distinta intensidad retrae sus branquias para evitar daños. Cuando el organismo “aprende” que el estímulo no resulta nocivo, deja de retraerlas.

Como señala Kandel:

“Mientras que la habituación requiere que un animal aprenda a hacer caso omiso de un estímulo porque sus consecuencias son triviales, la sensibilización requiere que el animal aprenda a prestar atención al estímulo porque éste va acompañado de consecuencias dolorosas o potencialmente peligrosas.”

De este modo, el comportamiento depende del tipo de estímulo y de la historia de aprendizaje asociada. Cuando el estímulo es aprendido, las sinapsis se modifican y el aprendizaje se complejiza. Este proceso no implica la incorporación de nuevas neuronas, sino la reorganización funcional y estructural de los circuitos neuronales existentes.

Este mecanismo, conservado a lo largo de la evolución, permite afirmar que no todo aprendizaje ni toda cognición son conscientes, y que muchos de los procesos que sostienen la conducta operan por debajo del umbral de la conciencia.

Kandel demostró que las modificaciones producidas por la estimulación a nivel sináptico están directamente relacionadas con la intensidad, la duración y la repetición del estímulo, y que la memoria mantiene una relación íntima con los cambios anatómico-funcionales que se producen en las sinapsis.

Los estímulos débiles o breves producen modificaciones funcionales transitorias, responsables de la memoria de corto plazo. En cambio, los estímulos intensos, repetidos o dotados de significación conducen a la formación de memorias de largo plazo, las cuales requieren cambios estables en la estructura sináptica.

Desde el punto de vista molecular, la consolidación de la memoria de largo plazo depende de la activación de mecanismos de expresión génica, particularmente del factor de transcripción CREB (cAMP Response Element-Binding Protein). La activación de CREB permite que determinados genes se expresen, dando lugar a la síntesis de nuevas proteínas sinápticas.

Escala de tiempo

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Estas proteínas cumplen funciones estructurales y funcionales: favorecen el crecimiento de nuevas espinas dendríticas, fortalecen las conexiones sinápticas y aumentan de manera sostenida la liberación de neurotransmisores. El resultado es una modificación estable del circuito neuronal involucrado en el aprendizaje. Si este proceso de síntesis proteica se bloquea, la memoria de largo plazo no se consolida, aunque la memoria de corto plazo permanezca intacta. Aprender de manera duradera implica, por lo tanto, cambios biológicos reales, y no una mera acumulación de información.

Aprendizaje, intervalo y método: Desde este marco, el aprendizaje no puede concebirse como un proceso continuo, lineal y acumulativo. La evidencia neurobiológica muestra que la consolidación del conocimiento requiere tiempos de activación, intervalos de reposo y procesos de elaboración no consciente, durante los cuales se reorganizan los circuitos neuronales y se sintetizan las proteínas necesarias para la memoria de largo plazo.

En este sentido, la estrategia de interrumpir deliberadamente la lectura o el estudio cuando un concepto, un problema o una pregunta despiertan particular interés —para retomarlos luego de un tiempo— puede entenderse como una propuesta metodológica fundada. Lejos de implicar abandono, esta pausa introduce un intervalo que mantiene activo el circuito neuronal implicado, que favorece  consolidación en oposición a la "bulimia intelectual" que es tragar información sin digerirla ,una reivindicación científica del "tiempo perdido"

Desde el punto de vista neurobiológico, la activación inicial seguida de un período sin estimulación directa favorece los procesos dependientes de la expresión génica y la síntesis proteica mediados por CREB. Durante este tiempo de latencia, el cerebro continúa reorganizando las conexiones sinápticas implicadas aun en ausencia de atención consciente sostenida.

Intuitivamente muchas veces cuando algo me interesaba mucho dejaba de leer y sentía que luego el tema me ¨llamaba¨.  Después supe que este fenómeno se explica por qué el retorno posterior al texto no se produce como una simple reanudación, sino como una reactivación cualitativamente distinta ,el conocimiento no se presenta como algo que se adquiere de una vez, sino como algo que se elabora en tiempos discontinuos, mediante pausas, retornos y resignificaciones.

En búsqueda de más explicación de este ¨llamador¨, encontré que,  desde el psicoanálisis freudiano, esto puede pensarse en términos de elaboración psíquica diferida (Nachträglichkeit), donde el sentido no se constituye de manera inmediata, sino que se reorganiza posteriormente.

 Freud ya había señalado que no todo trabajo psíquico ocurre en la conciencia, y que los intervalos y las interrupciones cumplen una función estructurante en la producción de sentido. Para Lacan, este intervalo adquiere un estatuto aún más preciso: el saber no se transmite como un objeto cerrado, sino que se articula alrededor de una falta. La pausa, el no-todo sabido y la suspensión del cierre sostienen el deseo de saber, condición indispensable para que el aprendizaje no se reduzca a la repetición mecánica. De este modo, la estrategia de detenerse y volver —el “llamador”— no solo respeta los tiempos biológicos de la memoria, sino que se articula con una concepción del sujeto del aprendizaje como sujeto del deseo.

Aprender, desde esta perspectiva, no consiste únicamente en exponerse al contenido, sino en saber cuándo detenerse, qué dejar abierto y cómo permitir que el saber se reorganice antes de ser retomado.   No recuerdo , al menos en mi entorno cercano, que otros aprendices que hayan adoptado conscientemente una modalidad similar. Detenerse no equivale a abandonar, sino a permitir que el conocimiento se reorganice.

El desafío para el ámbito educativo, y en particular para el universitario, no consiste solo en transmitir contenidos, sino también en ofrecer marcos teóricos que permitan comprender sus propios procesos de aprendizaje.

En definitiva, aprender no es únicamente adquirir conocimientos, sino también aprender sobre el acto de conocer. Reconocer los límites biológicos, aceptar la función del intervalo y sostener el deseo de saber permite una relación más fecunda con el estudio, una memoria más duradera y una formación que no se limite a reproducir saberes, sino que los vuelva verdaderamente propios.

“La función de la memoria no es conservar el pasado, sino organizar el presente y hacer más predecible el futuro.”
                                                                                                                                                                        A. Glemberg

 

“La memoria se compara a un palimpsesto.”

                                                                            Charles Baudelaire

 

 

Adenda

 

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El "Intervalo" como estructura activa, contrapone la ansiedad productiva moderna leer sin parar con la necesidad biológica y psíquica de la pausa en la lectura.

  • Lo Biológico: Explica claramente que la consolidación a largo plazo cuesta energía y toma tiempo (síntesis de proteínas). Sin la pausa, el "cemento" no fragua.
  • Lo Psicoanalítico: Conecta esto con la Nachträglichkeit (apre-coup). El sentido no estaba “ahí desde el inicio”, sino que se construye después. El sentido no se cierra en el momento de la lectura, sino después.
  • Conclusión: "El intervalo no es tiempo muerto, es tiempo de fraguado." Esta idea desculpabiliza que necesitamos detenernos.

El fenómeno del "Llamador" (El deseo y la falta) la intuición de "dejar de leer cuando más interesa" es contraintuitiva pero importante. Al cortar en el clímax del interés,  se genera artificialmente lo que la psicología de la Gestalt llama el Efecto Zeigarnik: Bluma Zeigarnik, señala que recordamos mejor las tareas incompletas o interrumpidas que las tareas ya terminadas. En otras palabras: lo que queda “pendiente” permanece activo en la mente. Lacan, articula el saber alrededor de una falta, si lo leyéramos todo de una vez hasta saciarnos, se mataría el deseo (la falta). Al interrumpir,   aseguramos  de que el deseo te "llame" de vuelta. Hay  que  tener en cuenta que el tiempo  de interrupción se da en todo los órdenes, pero se debe respetar un límite de duración.

 

Conclusion

El aprendizaje y la memoria no constituyen meros procesos psicológicos abstractos, sino fenómenos biológicos, históricos y subjetivos que se articulan en distintos niveles. Desde las modificaciones sinápticas descritas por Kandel hasta la elaboración diferida conceptualizada por el psicoanálisis, aprender implica siempre un trabajo que excede la conciencia inmediata y que requiere tiempo, intervalo y reorganización.

Comprender que la memoria de largo plazo depende de cambios estructurales mediados por la síntesis proteica, y que estos procesos continúan operando aun en ausencia de atención consciente, habilita una mirada menos ingenua y más responsable sobre el acto de estudiar. En este marco, la pausa, la interrupción y el retorno no aparecen como fallas del método, sino como momentos constitutivos del aprendizaje mismo.

La estrategia de detenerse y volver, concebida aquí como “llamador” del saber, encuentra así un doble fundamento: neurobiológico, en los tiempos de consolidación sináptica, y psicoanalítico, en la función de la falta y del deseo en la producción de conocimiento. El "Intervalo" como estructura activa

Enseñar y aprender implica  aprender sobre cómo se aprende. Hacer visible este proceso, especialmente en el ámbito universitario, no solo favorece aprendizajes más duraderos, sino que devuelve al sujeto un lugar activo frente al saber, donde el conocimiento deja de ser mera acumulación de información y se convierte en una experiencia transformadora.

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