La fábula
de la cigarra:
Intención moral, error
epistemológico
¿En tardes
de verano en Corrientes quien no sintió a
la chichara cantar?
En
Corrientes, el calor y la chichara son inseparables. Su sonido no se suma al ambiente, lo satura, el aire parece vibrar, como
si todo hubiese entrado en resonancia. Como el insecto canta más fuerte cuanto más calor
hace, la palabra "chicharra" quedó asociada culturalmente a la
sensación térmica y al momento de la siesta. Decir "cigarra" suena
casi poético o de libro de biología. Decir "chicharra" suena a calor
y sol . De hecho, existe la palabra "chicharrera", que se usa
para describir ese calor agobiante
cuando el sol "parte la tierra". Ese canto
—monótono, insistente, casi mecánico— no es solo un fenómeno biológico
llamativo: Es una clave oculta muy
importante.
La cigarra
es uno de los animales más ruidosos del planeta en relación con su tamaño.
Algunas superan los cien decibeles a corta distancia. Y se hace sentir y
no lo logran por fuerza, sino por estructura, nos anuncian el verano y atardeceres
ruidosos . En su abdomen poseen dos membranas rígidas
—los timbales— que se deforman y recuperan rápidamente gracias a
músculos especializados.
El abdomen,
parcialmente hueco, funciona como caja de resonancia, amplificando el
sonido hasta volverlo omnipresente. La cigarra no produce melodía, pero su
canto es insistencia no es un defecto,
sino su eficacia. La potencia no está en el gesto, sino en la resonancia. La
naturaleza inventó el amplificador mucho antes que la ingeniería humana.
Sin
embargo, el rasgo más decisivo es su ciclo vital. La mayor parte de su vida transcurre bajo tierra, en estado
larval. Allí se alimenta de savia, crece lentamente y permanece invisible
durante años. En algunas especies, ese período subterráneo dura más de una
década. Cuando finalmente emerge, la transformación es abrupta: la ninfa
asciende, muda su exoesqueleto y se convierte en insecto adulto. La vida aérea
es breve. El canto, intenso. No hay transición gradual: hay larga
preparación silenciosa y aparición súbita. El sonido no explica el proceso;
lo corona.
Hace mucho
tiempo atrás un laboratorista de café me pregunto acerca de la cigarra y la
hormiga , la fábula de Esopo que La
Fontaine modifica, la moraleja conserva su versión clásica :
Es bastante dura. Cuando llega el invierno y la cigarra pide ayuda, la
hormiga le pregunta qué hizo en el verano. La cigarra responde:
"Cantaba". La hormiga replica con ironía: "¿Cantabas? Pues
ahora baila". Lección: No esperes caridad si fuiste negligente
por elección propia.
Es
interesante ver que la biología desmonta la fábula y nuestra ignorancia supina,
nos hace saber que, desde un punto de
vista científico, esa fabula es difamación histórica hacia la cigarra. Lo
que la fábula presenta como "holgazanería" es, en realidad, la etapa
final y frenética de un ciclo de vida largo y laborioso de la biología de la
¨chicharra¨ que contradice completamente la "moraleja":
Cuando anuncia su canto anuncia el verano , ya enterados de su biología
ella está cantando al sol como el último capítulo de su vida. La
cigarra pasa la inmensa mayoría de su vida (dependiendo de la especie, entre 2
y 17 años) bajo tierra en estado de ninfa. Durante esos años en la
oscuridad, cava túneles y se alimenta de la savia de las raíces. Es un trabajo
de supervivencia constante y paciente, lejos de la "vagancia".
Su canto no es ocio, es llamado de supervivencia , Esopo o La Fontaine : Están disculpados de interpretar su "cantar
por diversión" , es en realidad un imperativo biológico urgente.
El canto es exclusivo de los machos y tiene un único fin: atraer a las
hembras para reproducirse. Tienen muy poco tiempo (apenas unas
semanas) para asegurar la siguiente generación antes de morir. No están
perdiendo el tiempo; están compitiendo contra el reloj biológico.
Como vemos la amenaza principal de la fábula
("llegará el invierno y tendrás hambre") es biológicamente
irrelevante para la cigarra adulta , cuya muerte está programada , mueren
naturalmente poco después de reproducirse y poner los huevos, mucho antes de
que llegue el invierno. No necesitan guardar granos ni provisiones
porque no están diseñadas para sobrevivir al invierno en esa forma.
Acumular comida, como le ¨sugiere¨ la hormiga, sería el verdadero acto inútil
para una cigarra adulta.
La reinterpretación de la "moraleja" Si ajustamos la historia a la realidad biológica, la
"moraleja" cambia drásticamente: La cigarra no es vaga; es una
criatura que ha pasado años preparándose en la oscuridad para disfrutar de un
breve momento de sol, amor y música antes de morir. La hormiga, en este
contexto revisado, podría verse como alguien que no entiende que existen
diferentes formas de vivir y que acumular recursos no sirve de nada si tu ciclo
vital termina mañana.
La cigarra
sabe de números primos. En ciertas especies —las
llamadas cigarras periódicas— este ciclo no es arbitrario. Emergen cada 13 o
17 años. Ambos son números primos. Esta elección no es simbólica ni
casual, es una estrategia evolutiva precisa. Al emerger en intervalos primos,
las cigarras minimizan la coincidencia con los ciclos reproductivos de sus
depredadores. El número primo rompe la sincronía. La matemática, para la
cigarra se vuelve operador biológico.
Este punto
permite un cruce filosófico decisivo :
En Kant, el conocimiento no surge de
acumular datos, sino de condiciones de posibilidad que estructuran la
experiencia antes de que algo sea percibido como objeto. No accedemos a las
cosas “en sí”, sino a fenómenos configurados por marcos previos. Algo análogo
ocurre con la cigarra: no percibimos su proceso larval ni sus años
subterráneos. Percibimos la emergencia final, saturante e innegable.
En Piaget, el conocimiento avanza por equilibraciones
sucesivas: largos períodos de estabilidad seguidos de reorganizaciones
abruptas. El ciclo de la cigarra encaja mejor en este modelo que en cualquier
idea de progreso continuo. Años de aparente inmovilidad culminan en un cambio
de estado radical.
En Peirce, el canto de la cigarra puede
leerse como un signo ejemplar. No representa un contenido conceptual; opera
sobre el entorno Y produce un efecto estable, exactamente lo
que Peirce entendía por semiosis efectiva.
Adenda
Apoptosis
viene del griego apó-ptôsis: la caída de las hojas, un desprendimiento necesario.
El árbol no muere cuando caen las hojas; se preserva. La vida, desde su raíz
etimológica, se piensa ya como algo que sabe retirarse. En biología celular, la apoptosis es eso mismo
llevado al microscopio: una muerte programada, limpia, funcional. Las células no mueren porque
fallan, sino porque el sistema las deja ir. Vivir es, en rigor, mantener inhibida una muerte siempre
disponible. Sin esa capacidad de caer, no habría forma, ni organismo, ni
sentido.
La cigarra
extiende este principio al cuerpo entero. Pasa años bajo tierra acumulando
tiempo y energía; emerge, canta, se reproduce y muere. Su final no es un
accidente ni un castigo: es una apoptosis generalizada , sincronizada con su función. El adulto no
está hecho para durar, sino para cerrar un ciclo.
Ese ciclo,
además, no es arbitrario. Los números primos —13 y 17— no son una rareza matemática, sino una estrategia
biológica: al no sincronizar con otros ciclos, reducen encuentros con
depredadores. El tiempo mismo se vuelve selectivo. La cigarra no solo cae
cuando corresponde su muerte es optimizada.
Conclusion
La vida de
la cigarra no progresa de manera transparente. Se estructura en torno a largos
períodos de latencia, invisibles para para la mayoría que solo escucha ,
seguidos por una emergencia breve, saturante e imposible de ignorar. Ese patrón
no es un accidente biológico, sino una estrategia formal. La elección de
números primos como ciclo vital no expresa una preferencia matemática, sino una
intuición natural profunda.
En la fábula
desde Esopo hasta La Fontaine, la
cigarra fue presentada como símbolo de ligereza, imprudencia o
irresponsabilidad frente a la hormiga previsora. La intención era moral; el
error, epistemológico. La cigarra no improvisa: planifica en una escala que la
fábula no alcanza a ver. Su “canto” es el resultado de años de acumulación y trabajo invisible,
su final es parte del diseño, no su fracaso. La pregunta es ¿ Cuanta semiótica
efectiva se nos pasa por alto?