jueves, enero 15, 2026

 

José Ortega y Gasset:

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo»

¿Qué es realmente esta cita? Es una tesis ontológica

Estaba empezando años atrás dictando: Como dijo Ortega y Gasset , Raúl —uno de los colaboradores de la revista de la VI Cátedra de Medicina— me interrumpió con una corrección:

 

“Como dijeron Ortega y Gasset” .

Guardé un silencio terapéutico.

Luego le pedí: Escribí como te dije. Después te explico.

 

La anécdota de Raúl una metáfora apropiada por dos razones:

 

Humor: Rompe el hielo y humaniza.

Simbolismo accidental: Al igual que Raúl creía que Ortega y Gasset eran dos personas separadas, un error común es creer que el "Yo" y el "Mundo" (la circunstancia) son dos entidades separadas. Ortega y Gasset son uno; el Yo y la Circunstancia son una unidad indisoluble.

Con su célebre formulación, Ortega y Gasset nos advierte que el “yo” no es una entidad aislada, autosuficiente ni abstracta. No hay sujeto puro. La identidad personal se constituye siempre en relación con un entorno: histórico, social, cultural, biográfico. El yo es inseparable de su circunstancia.

Pero la circunstancia no es destino. No es una jaula ni una coartada. Es el campo de posibilidades en el que la vida se despliega. Somos, a la vez, producto de ese contexto y agentes capaces de intervenir en él.

La circunstancia como realidad dinámica

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Ortega rompe tanto con el determinismo como con el voluntarismo ingenuo. No somos simples víctimas del mundo que nos toca, pero tampoco creadores ex nihilo. La circunstancia es dinámica: cambia, nos cambia, y puede ser transformada. Aquí aparece una noción central. la esencia semántica que Ortega le da a la palabra "salvar”.

No se trata de una salvación religiosa ni mesiánica. "Salvar" las circunstancias significa buscarles el sentido, comprenderlas y elevarlas. Como bien dices: "hacerla habitable, más justa". Si yo ignoro mi contexto (mi barrio, mi tiempo, mi sociedad), me vuelvo una abstracción vacía. Al dotar de sentido a mi entorno, me doy sentido a mí mismo.

 

 

Identidad como construcción, no como esencia

Esta concepción anticipa ideas hoy comunes en la filosofía, ontologia, la epistemología, la psicología  las ciencias sociales: la identidad no es fija ni esencial, sino narrativa y procesual. Nos vamos haciendo en el tiempo, a través de experiencias, vínculos, decisiones y conflictos. Cada biografía es una negociación permanente entre lo que somos y lo que nos pasa. La vida no se recibe hecha: se interpreta y se construye.

Comprender para transformar

De allí se desprende una exigencia intelectual y ética: para transformar nuestro entorno —y transformarnos— debemos comprender las fuerzas que lo configuran. Las estructuras sociales, las tradiciones culturales, las condiciones políticas no son ruido de fondo, sino parte constitutiva de nuestra existencia. En un mundo globalizado e interdependiente, esta intuición resulta más actual que nunca. Nuestras decisiones individuales tienen consecuencias colectivas. No hay neutralidad posible.

Una invitación a la acción responsable

Ortega no propone resignación, sino compromiso. No basta con quejarse de la circunstancia; hay que intervenir en ella. Salvarla no significa idealizarla, sino hacerla habitable, más justa, más humana. Este llamado implica responsabilidad y también empatía: comprender que el otro no es un obstáculo, sino parte de la misma trama circunstancial que nos constituye.

Epilogo

La afirmación final, «si no la salvo a ella, no me salvo yo», encapsula una ética de la vida situada. Demuestra que no existe una salvación puramente individual que pueda lograrse al margen del mundo compartido. La realización personal está indisolublemente vinculada al bienestar y la mejora del entorno colectivo.

El pensamiento de Ortega, descrito como "ecuménico", trasciende contextos específicos y se mantiene vigente. Entender esta interdependencia fundamental entre el yo y su circunstancia es el primer paso para comenzar a "salvar algo", es decir, para iniciar un camino de acción consciente y transformadora. Pensar, al igual que vivir, es una actividad que siempre ocurre en circunstancia.

 

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