sábado, enero 31, 2026

 

La fábula de la cigarra:

                    Intención moral, error epistemológico

¿En tardes de verano en Corrientes quien no sintió a  la  chichara cantar?

En Corrientes, el calor y la chichara son inseparables. Su sonido no se suma al ambiente, lo satura, el aire parece vibrar, como si todo hubiese entrado en resonancia.  Como el insecto canta más fuerte cuanto más calor hace, la palabra "chicharra" quedó asociada culturalmente a la sensación térmica y al momento de la siesta. Decir "cigarra" suena casi poético o de libro de biología. Decir "chicharra" suena a calor y sol . De hecho, existe la palabra "chicharrera", que se usa para describir ese calor agobiante  cuando el sol "parte la tierra". Ese canto —monótono, insistente, casi mecánico— no es solo un fenómeno biológico llamativo:  Es una clave oculta muy importante.

La cigarra es uno de los animales más ruidosos del planeta en relación con su tamaño. Algunas superan los cien decibeles a corta distancia. Y se hace sentir y no lo logran por fuerza, sino por estructura, nos anuncian el verano y atardeceres ruidosos  .  En su abdomen poseen dos membranas rígidas —los timbales— que se deforman y recuperan rápidamente gracias a músculos especializados.

El abdomen, parcialmente hueco, funciona como caja de resonancia, amplificando el sonido hasta volverlo omnipresente. La cigarra no produce melodía, pero su canto es  insistencia no es un defecto, sino su eficacia. La potencia no está en el gesto, sino en la resonancia. La naturaleza inventó el amplificador mucho antes que la ingeniería humana.

Sin embargo, el rasgo más decisivo es su ciclo vital. La mayor parte de su vida transcurre bajo tierra, en estado larval. Allí se alimenta de savia, crece lentamente y permanece invisible durante años. En algunas especies, ese período subterráneo dura más de una década. Cuando finalmente emerge, la transformación es abrupta: la ninfa asciende, muda su exoesqueleto y se convierte en insecto adulto. La vida aérea es breve. El canto, intenso. No hay transición gradual: hay larga preparación silenciosa y aparición súbita. El sonido no explica el proceso; lo corona.

Hace mucho tiempo atrás un laboratorista de café me pregunto acerca de la cigarra y la hormiga , la fábula de Esopo que  La Fontaine  modifica,  la moraleja conserva su versión clásica : Es bastante dura. Cuando llega el invierno y la cigarra pide ayuda, la hormiga le pregunta qué hizo en el verano. La cigarra responde: "Cantaba". La hormiga replica con ironía: "¿Cantabas? Pues ahora baila". Lección: No esperes caridad si fuiste negligente por elección propia.

Imagen que contiene Calendario

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Es interesante ver que la biología desmonta la fábula y nuestra ignorancia supina, nos hace saber  que, desde un punto de vista científico, esa fabula es difamación histórica hacia la cigarra. Lo que la fábula presenta como "holgazanería" es, en realidad, la etapa final y frenética de un ciclo de vida largo y laborioso de la biología de la ¨chicharra¨ que contradice completamente la "moraleja":

Cuando anuncia su canto anuncia el verano , ya enterados de su biología ella está cantando al sol como el último capítulo de su vida. La cigarra pasa la inmensa mayoría de su vida (dependiendo de la especie, entre 2 y 17 años) bajo tierra en estado de ninfa. Durante esos años en la oscuridad, cava túneles y se alimenta de la savia de las raíces. Es un trabajo de supervivencia constante y paciente, lejos de la "vagancia".

Su canto no es ocio, es llamado de supervivencia , Esopo o La Fontaine : Están disculpados de interpretar su "cantar por diversión" , es en realidad un imperativo biológico urgente. El canto es exclusivo de los machos y tiene un único fin: atraer a las hembras para reproducirse. Tienen muy poco tiempo (apenas unas semanas) para asegurar la siguiente generación antes de morir. No están perdiendo el tiempo; están compitiendo contra el reloj biológico.

 

Como vemos la amenaza principal de la fábula ("llegará el invierno y tendrás hambre") es biológicamente irrelevante para la cigarra adulta , cuya muerte está programada , mueren naturalmente poco después de reproducirse y poner los huevos, mucho antes de que llegue el invierno. No necesitan guardar granos ni provisiones porque no están diseñadas para sobrevivir al invierno en esa forma. Acumular comida, como le ¨sugiere¨ la hormiga, sería el verdadero acto inútil para una cigarra adulta.

La reinterpretación de la "moraleja" Si ajustamos la historia a la realidad biológica, la "moraleja" cambia drásticamente: La cigarra no es vaga; es una criatura que ha pasado años preparándose en la oscuridad para disfrutar de un breve momento de sol, amor y música antes de morir. La hormiga, en este contexto revisado, podría verse como alguien que no entiende que existen diferentes formas de vivir y que acumular recursos no sirve de nada si tu ciclo vital termina mañana.

Diagrama, Escala de tiempo

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La cigarra sabe de números primos. En ciertas especies —las llamadas cigarras periódicas— este ciclo no es arbitrario. Emergen cada 13 o 17 años. Ambos son números primos. Esta elección no es simbólica ni casual, es una estrategia evolutiva precisa. Al emerger en intervalos primos, las cigarras minimizan la coincidencia con los ciclos reproductivos de sus depredadores. El número primo rompe la sincronía. La matemática, para la cigarra se vuelve operador biológico.

Este punto permite un cruce filosófico decisivo :  

En Kant, el conocimiento no surge de acumular datos, sino de condiciones de posibilidad que estructuran la experiencia antes de que algo sea percibido como objeto. No accedemos a las cosas “en sí”, sino a fenómenos configurados por marcos previos. Algo análogo ocurre con la cigarra: no percibimos su proceso larval ni sus años subterráneos. Percibimos la emergencia final, saturante e innegable.

En Piaget, el conocimiento avanza por equilibraciones sucesivas: largos períodos de estabilidad seguidos de reorganizaciones abruptas. El ciclo de la cigarra encaja mejor en este modelo que en cualquier idea de progreso continuo. Años de aparente inmovilidad culminan en un cambio de estado radical.

En Peirce, el canto de la cigarra puede leerse como un signo ejemplar. No representa un contenido conceptual; opera sobre el entorno Y produce un efecto estable, exactamente lo que Peirce entendía por semiosis efectiva.

Adenda

Apoptosis viene del griego apó-ptôsis: la caída de las hojas, un desprendimiento necesario. El árbol no muere cuando caen las hojas; se preserva. La vida, desde su raíz etimológica, se piensa ya como algo que sabe retirarse. En  biología celular, la apoptosis es eso mismo llevado al microscopio: una muerte programada, limpia, funcional. Las células no mueren porque fallan, sino porque el sistema las deja ir. Vivir es, en rigor, mantener inhibida una muerte siempre disponible. Sin esa capacidad de caer, no habría forma, ni organismo, ni sentido.

La cigarra extiende este principio al cuerpo entero. Pasa años bajo tierra acumulando tiempo y energía; emerge, canta, se reproduce y muere. Su final no es un accidente ni un castigo: es una apoptosis generalizada , sincronizada con su función. El adulto no está hecho para durar, sino para cerrar un ciclo.

Ese ciclo, además, no es arbitrario. Los números primos —13 y 17— no son una rareza matemática, sino una estrategia biológica: al no sincronizar con otros ciclos, reducen encuentros con depredadores. El tiempo mismo se vuelve selectivo. La cigarra no solo cae cuando corresponde su muerte es optimizada.

Conclusion

La vida de la cigarra no progresa de manera transparente. Se estructura en torno a largos períodos de latencia, invisibles para para la mayoría que solo escucha , seguidos por una emergencia breve, saturante e imposible de ignorar. Ese patrón no es un accidente biológico, sino una estrategia formal. La elección de números primos como ciclo vital no expresa una preferencia matemática, sino una intuición natural profunda.

En la fábula  desde Esopo hasta La Fontaine, la cigarra fue presentada como símbolo de ligereza, imprudencia o irresponsabilidad frente a la hormiga previsora. La intención era moral; el error, epistemológico. La cigarra no improvisa: planifica en una escala que la fábula no alcanza a ver. Su “canto” es el resultado de años de acumulación y trabajo invisible, su final es parte del diseño, no su fracaso. La pregunta es ¿ Cuanta semiótica efectiva se nos pasa por alto?

 

 

 

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