La cama de Procusto y la
paradoja de Simpson;
en lo cotidiano, en los días de lluvia y dolores
articulares, en el uso de la estadística en general:
“Los días húmedos me duelen
todas las articulaciones.” ¿Quién no escuchó esta frase, ya
sea en el consultorio médico o en una reunión familiar? A veces la afirmación
va más allá del comentario casual y se transforma en pronóstico: “va a
llover, me duelen los huesos”.
Somos seres narrativos.
Organizamos la experiencia en relatos, y esos relatos producen creencias que
—cuando se repiten— se consolidan en sentido común. La asociación entre días
húmedos y dolor articular u óseo no escapa a este mecanismo. La repetición de
testimonios, la memoria selectiva de los días más difíciles y el énfasis social
en la experiencia del dolor hacen que esta conexión parezca casi intuitivamente
verdadera.
Es imperativo no confundir
correlación con causalidad. La correlación no prueba causalidad. Con esta
advertencia en mente, decidí buscar si existía algún sustento empírico para una
creencia tan extendida. Lo que encontré no fue simplemente una confirmación o
una refutación, sino una lección profunda sobre escala de análisis,
narrativa humana y epistemología.
La intuición local: análisis mes a mes
Si observamos los datos por
separado, mes a mes, la narrativa popular parece respaldada:
- Junio
- Días lluviosos: 10 →
dolor en 9 (90%)
- Días no lluviosos: 20
→ dolor en 15 (75%)
- Julio
- Días lluviosos: 20 →
dolor en 4 (20%)
- Días no lluviosos: 11
→ dolor en 1 (9%)
En ambos meses, el dolor fue más
frecuente en los días lluviosos, lo que parece confirmar la intuición común: la
humedad duele.
El agregado contradice: la paradoja de Simpson
Pero si en lugar de analizar los
meses por separado combinamos los datos del bimestre, la conclusión se
invierte:
- Días lluviosos (junio + julio): 30 →
dolor en 13 (43%)
- Días secos (junio + julio): 31 → dolor en
16 (52%)
Los mismos datos, organizados de
otra forma, dicen algo diferente: los días secos tuvieron un porcentaje mayor
de dolor.
Este fenómeno se llama paradoja
de Simpson (o efecto Yule–Simpson): una tendencia que aparece claramente en
varios subgrupos desaparece o incluso se invierte cuando esos subgrupos se
combinan. Esto no es un error matemático; es una advertencia epistemológica: los
datos no hablan solos, hablan según cómo y con qué estructura los
analizamos.
Escalar la
evidencia: mirar años y la investigación científica
Aquí es donde la pregunta se
vuelve más relevante: ¿Qué dice la ciencia cuando se analizan datos en
períodos más largos —anuales o multianuales? En los últimos años se han publicado estudios
que no se limitan a observaciones anecdóticas o registros de unos pocos días:
- Una revisión sistemática con 14 estudios
observacionales encontró que algunos
factores meteorológicos, como presión atmosférica y humedad relativa,
tuvieron correlaciones leves con dolor en personas con osteoartritis,
mientras que la temperatura mostró una correlación negativa (más frío
asociado a más dolor). Pero estos efectos fueron moderados y variables,
y los autores concluyeron que se requieren estudios mejor diseñados y más
consistentes para validar estos hallazgos.
- En contraste, una revisión sistemática
centrada en artritis reumatoide
señaló que, a nivel de grupo, las asociaciones entre variables climáticas
(temperatura, presión, humedad) y dolor fueron muy cercanas a cero,
aunque algunos individuos parecían sensibles a ciertos factores.
- Otro meta-análisis amplio concluyó que no
parece existir un vínculo claro entre cambios en temperatura, humedad,
presión o precipitación y el riesgo de dolor en afecciones comunes como
osteoartritis de rodilla, cadera o dolor lumbar.
- Investigaciones de gran escala que
analizaron miles de eventos de dolor en
más de 15 000 participantes internacionales no encontraron evidencia
consistente de que el clima —lluvia, humedad o presión atmosférica— tenga
un efecto directo y generalizable sobre el dolor musculoesquelético.
En sintesis: la evidencia
científica a nivel anual o multianual es mixta y no permite afirmar causalidad
directa entre lluvia (o humedad) y dolor articular. Algunos estudios
pequeños o subgrupos muestran asociaciones leves, pero los análisis grandes y
rigurosos tienden a no confirmar un efecto uniforme y consistente.
¿Por qué persiste la creencia?
La experiencia subjetiva no es
“mentira”; el dolor existe y es real. Pero la memoria humana no calcula
promedios ni controla variables. La mente selecciona lo memorable: un día
lluvioso con dolor intenso se recuerda; un día seco sin dolor, no. El resultado
es una narrativa que parece lógica desde adentro, aunque no resista un análisis
robusto de datos.
Además, factores como
temperatura, presión atmosférica y humedad cambian simultáneamente, y pueden
interactuar con el comportamiento de cada persona —actividad física, descanso,
sueño, estado de ánimo— confundiéndose con el efecto del clima. Por eso, incluso
cuando algunos estudios detectan correlaciones, estas suelen ser moderadas y
específicas de subgrupos, no universales.
Lección epistemológica
La historia de “el clima duele”
deja de ser una anécdota trivial y se convierte en una enseñanza profunda sobre
cómo construimos conocimiento:
- La narrativa humana busca sentido, pero
puede ser engañosa.
- La correlación no es causalidad.
- El nivel de análisis (mes vs. año vs.
multianual) importa.
- Incluso los datos científicos pueden
mostrar patrones contradictorios si no se controlan variables de
confusión.
La paradoja de Simpson nos
recuerda que una intuición puede ser localmente verdadera y globalmente falsa.
Y que, en ciencia, comprender no es solo medir: es entender desde dónde y
durante cuánto tiempo estamos mirando. Si
existe un veredicto definitivo, no es que “el clima no influye nunca”, sino que
no hay evidencia sólida y generalizable de un efecto causal directo entre días
lluviosos y dolor articular cuando se mira con métodos rigurosos y períodos
largos. Y esa es una lección que va mucho más allá del dolor en los huesos.
|
Acción de Procusto |
Acción Estadística (Simpson) |
Resultado |
|
ACORTAR (Cortar las piernas) |
Eliminar el Contexto: Borramos
las diferencias entre Invierno y Verano. Quitamos los "detalles"
que estorban. |
El dato cabe en la gráfica, pero está mutilado (pierde su
verdad). |
|
ESTIRAR (Descoyuntar) |
Generalizar Falsamente: Tomamos
una tendencia menor y la expandimos para que aplique a todo (decir "la
lluvia es buena" siempre). |
El dato cubre todo el espectro, pero es falso (una conclusión
artificial). |
Conclusión
La
persistencia del mito "el clima duele" no es una mentira deliberada,
sino un subproducto de cómo funciona nuestra mente. Evolutivamente, estamos
diseñados para detectar patrones.Pero en el mundo moderno, este instinto nos
lleva a correlaciones espurias. Para evitar la Cama de Procusto y no caer en la
Paradoja de Simpson, debemos aceptar que la realidad es compleja y
estratificada.
·
No
obligues a los datos a encajar en un molde simple.
·
Recuerda que
una intuición puede ser localmente verdadera y globalmente falsa.
Entender esto es vital no solo para la medicina, sino para
cualquier análisis crítico: la
verdad suele esconderse en los detalles que nuestra narrativa intenta recortar.
Para evitar la Paradoja de Simpson, debemos romper la cama de Procusto: No
obligues a los datos a encajar en un molde simple. Si la realidad es compleja
(tiene variables ocultas), tu análisis debe ser complejo (estratificado).
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