El
discurso, el cerebro y el juicio:
una lectura neurocognitiva y ética del desacuerdo
“La mente no está en el éter sino en el nuestra
unidad”.
La frase no clausura el problema del pensamiento: lo sitúa. Pensar, recordar,
decidir y juzgar no son actos abstractos, sino procesos encarnados. No tenemos
cerebros como instrumentos externos: somos seres en interacción
constante con un entorno físico, social y simbólico.
Desde esta
perspectiva, las diferencias entre personas no remiten a esencias morales ni a
accesos privilegiados a la razón, sino a trayectorias cognitivas:
aprendizajes, prácticas reiteradas, experiencias emocionales y formas
habituales de organizar la información. Incluso las diferencias políticas, tan
conflictivas en el presente, pueden comprenderse mejor si se las devuelve a
esta condición encarnada.
El cerebro como sistema plástico: El cerebro se organiza, de manera esquemática, en dos grandes
componentes: la sustancia gris, asociada a neuronas y dendritas, y la sustancia
blanca, formada por axones mielinizados que permiten la comunicación
eficiente entre regiones. Pensar no es solo procesar información, sino conectarla. Durante mucho tiempo se asumió que estas
estructuras eran estables en la adultez. La neurociencia contemporánea mostró
lo contrario: el cerebro es plástico, se modifica con la experiencia, se
adapta al entrenamiento y se reorganiza según las exigencias del entorno. La
función modifica la forma.
1.-Cacho
nos recuerda el entrenamiento de los taxista de Londres: Un ejemplo paradigmático de
plasticidad es el estudio sobre personas sometidas durante años a
entrenamientos intensivos de orientación espacial. La exigencia de memorizar
miles de trayectos, rutas alternativas y puntos de referencia no solo mejora el
desempeño funcional, sino que se asocia a modificaciones estructurales
en regiones cerebrales vinculadas a la memoria y la navegación espacial.
El punto
clave no es el hallazgo anatómico en sí, sino su interpretación epistemológica:
el cambio estructural no precede al aprendizaje, sino que aparece como
consecuencia de él. No se trata de cerebros excepcionalmente dotados que eligen
ciertas tareas, sino de cerebros modelados por la práctica sostenida. La
causalidad no es lineal, sino circular: la práctica transforma la estructura, y
la estructura transformada facilita nuevas prácticas. La biografía se inscribe
en la anatomía.
Es un ejemplo paradigmático de esta plasticidad
es el estudio sobre personas sometidas durante años a entrenamientos intensivos
de orientación espacial. La exigencia de memorizar miles de trayectos, rutas
alternativas y puntos de referencia no solo mejora el desempeño funcional, sino
que se asocia a modificaciones estructurales en regiones cerebrales
vinculadas a la memoria y la navegación espacial.
2.-El
Estudio: "El Método Tortoni" : Algo importante y autóctono fue
un estudio dirigido por los neurocientíficos argentinos Facundo Manes y
Tristán Bekinschtein. Eligieron bares clásicos de Buenos Aires, incluyendo el
mítico Café Tortoni. El experimento: Un grupo de investigadores (generalmente
8) iba al café, hacía pedidos complejos y, en un momento de distracción del
mozo (cuando iba a la barra), se cambiaban de lugar en la mesa. Lo que
descubrieron: Cuando los comensales se cambiaban de silla, la memoria de los
mozos fallaba estrepitosamente.
Esto
demostró que los mozos no memorizan "Cara de Juan Café cortado", sino
que construyen un mapa espacial: "Lugar 1 Café cortado".
Utilizan una estrategia de enlace espacial (spatial vending). La
ubicación física actúa como el "gancho" el pedido se cae o se lo
entregan a la persona equivocada la que ahora ocupa ese lugar.
La mesa
funciona como un mapa cognitivo, del mismo modo que la ciudad lo hace
para quien se orienta en ella. El mozo no recuerda “mejor” en general; recuerda
mejor en ese contexto específico. El pensamiento es situado, encarnado y
dependiente de la estabilidad del entorno.
¿Por qué nos interesa esto epistemológicamente? Este estudio es un ejemplo brillante de
cognición situada: Economía Cognitiva: El cerebro del mozo "descarga"
el esfuerzo cognitivo en el entorno físico. En lugar de gastar energía neuronal
en recordar rasgos faciales (que son complejos), usa la mesa como una
"planilla de Excel" externa. La fragilidad del contexto: Esto se
relaciona mucho con lo que leemos de Rodrigo Quian Quiroga sobre cómo el
cerebro descarta detalles para formar conceptos. Aquí, el mozo descarta la
identidad profunda del sujeto y se queda con su coordenada. Si el contexto
cambia ,la posición, la información pierde su índice de recuperación.
3.-El estudio de Colin Firth: cerebro y orientación política En este mismo marco deben leerse los estudios neurocientíficos en los
que participó Colin Firth, que analizaron diferencias promedio entre
personas con orientaciones políticas marcadamente distintas. Estas
investigaciones encontraron correlaciones entre determinadas actitudes
políticas y variaciones estructurales en regiones cerebrales específicas.
En términos
generales, se observó que algunas personas presentan mayor desarrollo o
activación de regiones asociadas al monitoreo del conflicto, la detección de
errores y la adaptación a la ambigüedad, mientras que otras muestran mayor
involucramiento de áreas relacionadas con la respuesta emocional frente a
estímulos negativos y amenazas.
Estas
diferencias no describen ideologías como esencias ni permiten diagnosticar
individuos. Describen estilos cognitivo-afectivos: maneras habituales de
procesar el cambio, la incertidumbre y el riesgo. Confundir estas correlaciones
con determinaciones políticas es un error epistemológico fundamental.
Describir no es justificar. Correlacionar no es decidir.
Una practica constante da lo mismo si es
navegar servir , mesas o debatir, modifica una estructura interna, la del
cerebro.
Aprendizaje,
ideología y bucles de retroalimentación
Los tres
ejemplos —taxistas, mozos y orientación política— convergen en una misma idea
central: el cerebro cambia con lo que hace, y luego responde desde lo
que ha cambiado.
Esto
introduce una lógica cibernética clara: ciertas disposiciones favorecen
determinadas prácticas, esas prácticas refuerzan circuitos neuronales específicos,
los circuitos reforzados facilitan nuevas respuestas del mismo tipo.
No estamos
ante un destino biológico, sino ante trayectorias auto-reforzadas. La
ideología no está escrita desde el nacimiento, pero tampoco es independiente
del sustrato neuronal que se va moldeando a través de la experiencia social,
emocional y discursiva.
Kant: estructura, juicio y condición de posibilidad: Desde una perspectiva kantiana, estos ejemplos confirman una intuición
fundamental: el juicio no emerge del caos sensible, sino de estructuras que
ordenan la experiencia.
No percibimos primero y organizamos después; organizamos para poder
percibir. a) El mozo necesita posiciones estables para juzgar correctamente;
b) quien se orienta en un entorno complejo necesita puntos de referencia; c) quien
evalúa discursos políticos necesita marcos interpretativos relativamente
consistentes.
Cuando esas estructuras se desorganizan, el juicio se vuelve errático,
defensivo o puramente emocional. Kant no niega la experiencia: muestra que sin
estructura no hay juicio posible.
Bentham: economía cognitiva y eficiencia práctica: Desde una perspectiva benthamiana aparece otro elemento decisivo: la economía
cognitiva. Los sistemas que reducen esfuerzo, error y costo tienden a
consolidarse. El mozo no anota porque es más eficiente; el cerebro adopta
estrategias que maximizan resultados con el menor gasto posible.
En política
ocurre algo similar: los discursos simples, emocionalmente claros y con bajo
costo cognitivo suelen imponerse, no porque sean más verdaderos, sino porque son
más fáciles de procesar. Bentham no reduce la política al interés mezquino:
recuerda que toda racionalidad opera bajo condiciones de costo y beneficio.
Adenda articulación de tres
ejemplos
|
Ejemplo |
Qué se entrena |
Qué se modifica |
Qué enseña |
|
Taxistas |
Orientación espacial |
Memoria |
Plasticidad |
|
Mozos |
Memoria relacional |
Estrategia cognitiva |
Cognición situada |
|
Política |
Procesamiento del conflicto |
Estilo cognitivo |
Desacuerdo estructural |
|
|
|
|
|
No existe un pensamiento puro abstracto y
desencarnado
Conclusión
La mente está
distribuida entre cerebro, cuerpo, espacio y entorno discurso. Comprender esto
no resuelve los conflictos políticos, pero permite entender por qué el
desacuerdo es persistente, por qué ciertos discursos funcionan y por qué la
polarización no es solo moral, sino también cognitiva.
Entre
neuronas y mesas de cafe, entre ciudades y discursos, entre Kant y Bentham,
aparece una misma enseñanza: pensar es siempre pensar situado. Y solo
reconociendo esa condición es posible sostener una política que no confunda
diferencia con error ni desacuerdo con patología.
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