Edgardo A Marecos

jueves, enero 22, 2026

 

  

El Laberinto de Mnemosine:

La Arquitectura de Nuestra Identidad

 

Mnemósine Diosa de la memoria. | Wiki | Los Caballeros Del zodiaco. Amino

La memoria y creatividad  son el yin y el yang, la creatividad se nutre de la memoria y la memoria de la creatividad para enriquecer nuestro pensamiento. Nos habrá pasado que alguien diga;  sabe todo de memoria, pero nunca  escuche: ¿Qué tipo de memoria tiene este chico?  

De estudiantes de la secundaria la visión era finalista y casi peyorativa, la memoria no era objeto de estudio. Nuestra preocupación era la nemotecnia apropiada, avanzamos algo con los algoritmos y nos conmovió  saber  que la memoria es como un palimpsesto;¨los cambios  dinámicos moldean recuerdos , dejando huellas que se consolidan con nuevos datos o emociones¨. Es así como construimos nuestra identidad.  

 

cerebro y memoria

La tinta del palimpsesto: de Ebbinghaus a los engramas

Para comprender este palimpsesto debemos atender a la “tinta” con la que está escrito. La historia de la investigación sobre la memoria nos ofrece tres claves fundamentales.

1.      La fragilidad temporal (Ebbinghaus). La célebre curva del olvido mostró que la memoria tiende a desvanecerse si no se la reactiva. El recuerdo es un edificio que requiere mantenimiento continuo: sin refuerzos, la estructura se deteriora y colapsa.

2.      El cableado eléctrico (Hebb). Donald Hebb formuló una de las reglas más influyentes del aprendizaje: las neuronas que se activan juntas se conectan entre sí. La memoria no es un objeto almacenado, sino un proceso: una modificación funcional y duradera de las conexiones sinápticas.

3.      La huella material (Semon). Richard Semon, injustamente relegado durante gran parte del siglo XX, introdujo el concepto de engrama: la idea de que toda experiencia deja una huella fisicoquímica en el sistema nervioso. Hoy, técnicas como la optogenética han permitido identificar y manipular circuitos neuronales específicos asociados a recuerdos, confirmando de manera sorprendente aquella intuición temprana.

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La Arquitectura del Pensamiento: Teoría de Redes

Aquí es donde entra el desafío contemporáneo: ¿Cómo se organizan estos millones de engramas y sinapsis? La respuesta yace en la Teoría de Redes Complejas.

Nuestro cerebro no es un archivador ordenado alfabéticamente; funciona bajo la lógica de redes de "mundo pequeño" y "escala libre".

  • Mundo Pequeño: A pesar de tener miles de millones de neuronas, cualquier recuerdo está a solo unos pocos "pasos" o conexiones de distancia. Esto explica la velocidad del pensamiento: cómo un simple olor (input sensorial) puede detonar instantáneamente un recuerdo de la infancia (memoria episódica) sin tener que escanear todo el cerebro.
  • Escala Libre y Hubs: La red no es democrática. Existen nodos o "hubs" que concentran muchísimas conexiones. Estructuras como el hipocampo actúan como grandes aeropuertos internacionales, conectando diversas áreas corticales (visuales, auditivas, emocionales) para formar un todo coherente.

Cuando la Red se Rompe: Las Lecciones de H.M. y K.F.

La fragilidad de esta red se hace evidente cuando los "hubs" fallan. Los casos clínicos históricos funcionan como mapas de carreteras rotas que nos enseñan por dónde circulaba la información.

  • El Paciente H.M. (1953): Al removerle partes del lóbulo temporal medial (incluyendo los hipocampos), se eliminó el "centro de distribución" clave. H.M. quedó atrapado en un presente perpetuo (amnesia anterógrada). Su red podía procesar el "ahora" (memoria de trabajo intacta) y acceder a los archivos antiguos consolidados en la corteza, pero era incapaz de tejer nuevos enlaces a largo plazo. Su tragedia confirmó que el hipocampo es el bibliotecario que cataloga el libro, pero no la estantería donde se guarda.
  • El Paciente K.F.: Este caso presentó la imagen especular (doble disociación). Tras un daño parietal-occipital, su "mesa de trabajo" (memoria a corto plazo) quedó destrozada, especialmente para lo verbal. Sin embargo, podía consolidar recuerdos a largo plazo. Esto demostró que la memoria no es una línea de montaje única, sino un sistema de procesamiento paralelo y especializado.

Adenda: La Ficción como Espejo

La resonancia cultural de estos hallazgos es innegable. La película Memento (2000), basada en el cuento de Jonathan Nolan e inspirada indudablemente en casos como el de H.M., dramatiza la angustia de una identidad sin continuidad. Leonard, el protagonista, intenta suplir la falla de su hipocampo biológico con una "memoria externa" de tatuajes y polaroids.

Esta narrativa nos lleva a una pregunta inquietante: si Leonard manipula sus notas para darse un propósito, ¿cuánto manipulamos nosotros nuestros propios recuerdos al reconsolidarlos? La ficción expone la fragilidad ética de la memoria: somos narradores poco fiables de nuestras propias vidas.

Diferencias clave entre la memoria humana y la de una IA: La memoria humana es reconstructiva, mientras que la IA almacena datos de manera más literal. La IA no "olvida" de manera natural, lo que puede ser un problema cuando se requiere actualizar información (por ejemplo, el problema del "catastrophic forgetting" en redes neuronales). La memoria biológica está ligada a las emociones y la experiencia subjetiva, lo que la hace más flexible, pero también más propensa a errores.

Un tema es cómo la tecnología puede potenciar nuestra memoria. Los dispositivos digitales ya funcionan como una "extensión" de nuestra memoria (recordatorios, agendas, búsquedas instantáneas), pero en el futuro podríamos ver avances en neurotecnología como la optogenética o interfaces cerebro-computadora (BCI, Brain-Computer Interfaces). ¿Podremos implantar recuerdos artificiales o mejorar nuestra capacidad de retención con chips neuronales?

Estos dos temas están profundamente interconectados. La memoria es tanto una construcción filosófica como un proceso neurocientífico que ahora se replica en la IA.

Conclusión: el futuro de Mnemosine

La memoria ha dejado de ser un problema exclusivamente biológico. Se ha convertido en un territorio híbrido donde convergen neurociencia, tecnología, ética y filosofía. Vivimos en redes de mundo pequeño que ya no terminan en el cráneo, sino que se extienden hacia el entorno digital.

El desafío contemporáneo es el mismo que simbolizaba Mnemosine en la mitología: comprender cómo la materia se vuelve pensamiento y cómo ese pensamiento, siempre frágil y reescrito, sostiene el peso de lo que llamamos Yo.

 

miércoles, enero 21, 2026

 

Estructuras disipativas, cibernética y autopoiesis:

           una ontología del orden lejos del equilibrio

 

La concepción clásica de la naturaleza, heredera de la termodinámica del equilibrio, tendió durante mucho tiempo a asociar el orden con estados estáticos y a concebir la entropía como una amenaza inexorable que conduciría, tarde o temprano, a la llamada “muerte térmica del universo”. Sin embargo, los desarrollos de la termodinámica de no equilibrio, particularmente a partir de los trabajos de Ilya Prigogine, han permitido reformular radicalmente esta visión.

En este nuevo marco, los sistemas vivos, sociales y cognitivos ya no aparecen como anomalías locales frente a una tendencia universal al desorden, sino como estructuras disipativas: sistemas abiertos que existen y se organizan lejos del equilibrio, precisamente gracias a la disipación continua de energía.

La propuesta es explorar el concepto de estructura disipativa y articularlo con la cibernética, la teoría de la autopoiesis y una epistemología del observador, mostrando su carácter transdisciplinario y su potencia explicativa para tratar de comprender la organización de la vida, la cognición y la identidad.

Las estructuras disipativas y el orden lejos del equilibrio

La nueva termodinámica no acepta sin más la idea de la muerte térmica universal, sino que reconoce la existencia de sistemas que, lejos del equilibrio, mantienen e incluso incrementan su grado de organización interna. Prigogine describe estos sistemas como estructuras disipativas, cuya estabilidad depende de un flujo continuo de energía y materia.

Para que una estructura disipativa pueda emerger y sostenerse, deben cumplirse ciertas condiciones fundamentales:

1.         Apertura del sistema: el sistema debe intercambiar energía y materia con su entorno, captando energía del exterior y disipándola en otras formas.

2.         Complejidad interna: debe poseer una organización suficientemente rica que le permita mantenerse estable en un amplio rango de condiciones externas.

3.         Procesos de retroalimentación: mecanismos internos que regulen su dinámica y permitan tanto la estabilidad como el cambio.

En estos sistemas, la disipación no es sinónimo de pérdida o degradación, sino fuente de orden. El flujo de energía que atraviesa al sistema le permite estabilizar sus parámetros con un mayor nivel de energía libre y un menor nivel de entropía interna, a condición de exportar entropía al entorno.

Como señala Prigogine:

“La termodinámica clásica conduce al concepto de estructuras en equilibrio, como los cristales. Las células de Bénard son también estructuras, pero de muy distinta índole. Esta es la razón por la que hemos introducido el concepto de estructuras disipativas, para enfatizar la íntima relación, al principio paradójica, entre estructura y orden por un lado y disipación por otro. En los sistemas abiertos la disipación es una fuente de orden.”

De este modo, las estructuras disipativas solo existen mientras disipan energía. Su identidad no es sustancial ni permanente, sino procesual y dependiente de flujos.

Disipación, gradientes y vida

Esta concepción no se limita al ámbito de la biología. De hecho, uno de los motivos por los que Prigogine recibió el Premio Nobel fue el carácter explícitamente transdisciplinario de su teoría. La vida aparece aquí como un caso particular —aunque privilegiado— de sistemas complejos naturales que emergen para reducir gradientes energéticos.

En esta línea, Schneider y Sagan afirman:

“La aversión de la naturaleza por los gradientes es una ley natural: el flujo de energía propicia una variedad de sistemas complejos naturales, incluida la vida. La función original y básica de la vida, como la de otros sistemas complejos, es reducir un gradiente medioambiental.”

Desde esta perspectiva, la vida no viola la segunda ley de la termodinámica, sino que la realiza localmente mediante organizaciones capaces de canalizar, transformar y disipar energía de manera altamente estructurada.

Cibernética y retroalimentación: de la estabilidad al cambio

El concepto de estructura disipativa encuentra un complemento natural en la cibernética, entendida como el estudio del control y la comunicación en sistemas complejos. La cibernética es impensable sin la noción de sistema, así como la noción de sistema resulta incompleta sin los mecanismos cibernéticos de retroalimentación.

Siguiendo a Heinz von Foerster, la cibernética puede pensarse en distintos niveles de complejidad:

a) Cibernética de orden cero

Se remonta a Herón de Alejandría (siglo I d.C.), quien ideó mecanismos de retroalimentación negativa para regular el flujo de líquidos, como el sistema que controlaba el llenado de un vaso desde una jarra.

b) Cibernética de primer orden

Claude Bernard introduce el concepto de medio interno; Walter Cannon desarrolla la noción de homeostasis como equilibrio dinámico; y Norbert Wiener acuña el término cibernética al definirla como el estudio del control y la comunicación en el animal y la máquina.

c) Cibernética de segundo orden

Según Magoroh Maruyama, todo sistema viviente depende de dos procesos fundamentales:

  • Morfoestasis, vinculada al mantenimiento de la constancia mediante retroalimentación negativa.
  • Morfogénesis, asociada a la variabilidad y al cambio mediante retroalimentación positiva.

Estos procesos expresan una causalidad circular, característica de los sistemas complejos, en la que los efectos retroactúan sobre las causas, permitiendo tanto la estabilidad como la transformación.

Tabla

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

El observador y la epistemología de los sistemas vivientes

La cibernética de segundo orden introduce una consecuencia epistemológica crucial: el observador forma parte del sistema observado. Las observaciones no son neutrales ni independientes, sino relativas a la organización del observador.

Von Foerster sostiene que la pérdida de neutralidad y objetividad no es una debilidad, sino un requisito fundamental para una epistemología adecuada a los sistemas vivientes. En este sentido, propone reformular la célebre frase de Korzybski —“el mapa no es el territorio”— afirmando provocativamente que, para el observador, el mapa es el territorio.

Esto no implica negar la existencia de una realidad externa, sino reconocer que el acceso a ella está mediado por modelos, creencias y estructuras cognitivas. Cada individuo construye su realidad de acuerdo con su sistema de creencias, y aquello que no encaja en dicho sistema tiende a no ser percibido o a ser negado.

Autopoiesis, borde e identidad

Para superar el encierro que generan los paradigmas rígidos, resulta necesario recorrer senderos de pensamiento alternativos. En este punto, la teoría de la autopoiesis, desarrollada por Humberto Maturana y Francisco Varela, ofrece una contribución decisiva.

Maturana señala: “Necesitaba una palabra más evocadora de la organización de lo vivo que la expresión ‘organización circular’. Esa palabra fue autopoiesis.”

¨Un sistema vivo es aquel que produce y mantiene sus propios componentes, estableciendo un borde o membrana que lo delimita del entorno. Este borde no es un mero límite pasivo, sino una condición activa de identidad e individualidad¨.

Como expresan Maturana y Varela: “Por un lado, podemos ver una red de transformaciones dinámicas que produce sus propios componentes, condición de posibilidad de un borde; y por otro, un borde que es condición de posibilidad para el operar de la red que lo produjo como unidad.” La identidad, entonces, emerge de una circularidad entre red y límite, entre proceso y forma.

 

El mito del ¨individuo¨ y la salud como relación

Sin embargo, esta noción de individualidad no debe confundirse con la idea de un organismo aislado e independiente. Lynn Margulis, en Captando genomas, cuestiona el mito del individuo autónomo al afirmar: “Somos montajes ambulantes, seres que han integrado diversas clases de organismos extraños; cada uno de nosotros es una especie de comité anárquico.” Somos ecosistemas con patas.

Desde esta perspectiva, la salud y la enfermedad pueden pensarse menos como propiedades de un individuo aislado y más como problemas relacionales, resultado del equilibrio —o desequilibrio— entre los múltiples miembros que componen ese “comité”.

Surgen así preguntas inevitables: ¿es un único organismo el que enferma, o se trata de un desajuste entre las relaciones internas que lo constituyen? ¿No será la salud una cuestión ecológica interna más que una simple resistencia a invasiones externas?

Conclusión

La visión del ser humano como estructura disipativa, sistema cibernético y entidad autopoietica conduce a una ontología profundamente relacional y dinámica. Lejos de concebirnos como sustancias estables, aparecemos como procesos organizados que existen mientras disipan energía, regulándose mediante bucles de retroalimentación y redefiniendo continuamente sus límites. Esta concepción no solo transforma nuestra comprensión de la vida y la cognición, sino que invita a repensar nociones como identidad, salud, conocimiento y responsabilidad en un mundo caracterizado por la complejidad y el cambio permanente.

 

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