¿Qué pasa con los airbag?
En una de esas tardes de laboratorio de café en las que los temas
aparecen y desaparecen sin necesidad de llegar a una conclusión, Miguel lanzó
una pregunta simple: ¿qué pasa con los airbag? La pregunta quedó
flotando en la mesa.
Curiosamente, algo que hoy está presente en casi todos los autos y cuya
función es nada menos que proteger nuestra vida, es también algo en lo que casi
nadie piensa demasiado. Cuando compramos un auto preguntamos por el precio
,cuotas, consumo, potencia del motor, por la tecnología del tablero , el precio
del seguro. Pero rara vez nos detenemos a pensar en cómo funciona ese sistema
que, llegado el caso, puede decidir el resultado de un accidente.
Para entenderlo conviene retroceder algunos siglos y recordar las leyes
del movimiento que formuló Newton. Allí aparece un concepto fundamental: la inercia.
Dicho de manera simple, lo que está en reposo tiende a permanecer en reposo y
lo que está en movimiento tiende a seguir moviéndose.
La idea parece casi trivial, pero es la base de muchas situaciones de la
vida cotidiana. Para tener una idea de lo relativo del movimiento basta pensar
en la velocidad del automóvil, en la rotación y traslación de la Tierra, en el
movimiento del Sol dentro de la galaxia y en el de la galaxia dentro del
universo.
Entonces aparece una pregunta inevitable:
¿realmente estamos quietos? En realidad, no. Todo se mueve. Pero en nuestra vida diaria tomamos como
referencia el suelo bajo nuestros pies. Cuando un auto circula, todo lo que
está dentro de él comparte su misma velocidad: el conductor, los pasajeros y
cualquier objeto que viaje en el interior.
Mientras el movimiento es uniforme no hay problema. El inconveniente
aparece cuando el vehículo se detiene de manera brusca, como ocurre en
un choque. El auto puede frenarse en una fracción de segundo, pero nuestro
cuerpo, obedeciendo a la inercia, tiende a seguir avanzando.
El cinturón de seguridad es el primer recurso para
resolver ese problema.
Su función es sujetar el cuerpo e impedir que salga despedido contra el
parabrisas o fuera del vehículo. Pero incluso con cinturón, el torso y la
cabeza continúan desplazándose hacia adelante con gran energía.
Ahí entra en escena el airbag: El sistema está compuesto por
sensores capaces de detectar una desaceleración extremadamente rápida del
vehículo. Cuando ocurre un impacto fuerte, esos sensores activan un mecanismo
que produce gas y la bolsa se infla en 300 milisegundos, más rápido de
lo que tardamos en parpadear. La bolsa se despliega entre el cuerpo y las
partes duras del automóvil —principalmente el volante o el tablero— y actúa
como una superficie que absorbe parte del golpe.
¿Qué hace el airbag? : desde el punto de vista de la
física, lo que hace el airbag es algo sencillo y extraordinario a la vez: aumentar
el tiempo en el que el cuerpo se detiene. Puede parecer un detalle
menor, pero en realidad es decisivo. Cuando un cuerpo se detiene de forma
abrupta contra una superficie rígida, la fuerza del impacto es enorme. Si
esa detención ocurre durante un tiempo un poco mayor —gracias a la deformación
de la bolsa— la fuerza disminuye considerablemente. En otras palabras, el
airbag no evita el choque. Lo que hace es administrar la violencia del
choque, ofreciendo al cuerpo unas fracciones de segundo adicionales para
detenerse. Y en muchos casos esas fracciones de segundo marcan una
diferencia enorme.
En la mesa del laboratorio de café, Cacho —que suele celebrar lo que él
llama los datos blandos de la vida— las historias, los afectos, las
pequeñas alegrías cotidianas, escuchaba en silencio. Y en un momento comentó
algo que dejó pensando a todos: que, para proteger esos datos blandos, tan
humanos y frágiles, a veces hacen falta datos duros. Las leyes de
Newton, los sensores, los cálculos de ingeniería, los milisegundos medidos con
precisión. Todo ese mundo duro y exacto que la ciencia construye. En cierto
modo, el airbag resume bien esa relación. Detrás de una bolsa que se infla en
silencio hay siglos de conocimiento, ecuaciones, pruebas y tecnología.
Datos duros, podríamos decir, para cuidar lo
blando, la vida, el cuerpo, las personas que vuelven a casa, las conversaciones
que todavía quedan por tener en una mesa de café.
Epílogo de café
Tal vez lo más curioso de todo esto sea que
convivimos con una pequeña maravilla de la física sin prestarle demasiada
atención. Un dispositivo capaz de desplegarse en milésimas de segundo, pensado
para interponerse entre nuestro cuerpo y la violencia de un choque, y que sin
embargo pasa inadvertido la mayor parte del tiempo. La primera ley es de apariencia
inocente, lo que está en reposo sigue en reposo lo que está en movimiento sigue
en movimiento, el problema está en los detalles
solo para tener una idea de lo relativo del movimiento ,pensemos en la
velocidad del móvil, de la tierra rotación y traslado de la tierra , del sol en
la galaxia y de la galaxia en el universo. ¿Estamos quietos?