José Ortega y Gasset:
«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a
ella, no me salvo yo»
¿Qué es realmente esta cita? Es una tesis
ontológica
Estaba empezando años atrás dictando: Como dijo
Ortega y Gasset , Raúl —uno de los colaboradores de la revista de la VI Cátedra
de Medicina— me interrumpió con una corrección:
“Como dijeron Ortega y Gasset” .
Guardé un silencio terapéutico.
Luego le pedí: Escribí como te dije. Después te
explico.
La anécdota de Raúl una metáfora apropiada por dos razones:
Humor: Rompe el hielo y humaniza.
Simbolismo accidental: Al igual
que Raúl creía que Ortega y Gasset eran dos personas separadas, un error común es
creer que el "Yo" y el "Mundo" (la circunstancia) son dos
entidades separadas. Ortega y Gasset son uno; el Yo y la Circunstancia son una
unidad indisoluble.
Con su célebre formulación,
Ortega y Gasset nos advierte que el “yo” no es una entidad aislada,
autosuficiente ni abstracta. No hay sujeto puro. La identidad personal se
constituye siempre en relación con un entorno: histórico, social, cultural,
biográfico. El yo es inseparable de su circunstancia.
Pero la circunstancia no es
destino. No es una jaula ni una coartada. Es el campo de posibilidades
en el que la vida se despliega. Somos, a la vez, producto de ese contexto y
agentes capaces de intervenir en él.
La circunstancia como realidad dinámica
Ortega rompe tanto con el
determinismo como con el voluntarismo ingenuo. No somos simples víctimas del
mundo que nos toca, pero tampoco creadores ex nihilo. La circunstancia es
dinámica: cambia, nos cambia, y puede ser transformada. Aquí aparece una noción
central. la esencia semántica que Ortega le da a la palabra "salvar”.
No se trata de una salvación
religiosa ni mesiánica. "Salvar" las circunstancias significa buscarles
el sentido, comprenderlas y elevarlas. Como bien dices: "hacerla
habitable, más justa". Si yo ignoro mi contexto (mi barrio, mi tiempo,
mi sociedad), me vuelvo una abstracción vacía. Al dotar de sentido a mi
entorno, me doy sentido a mí mismo.
Identidad como construcción, no como esencia
Esta concepción anticipa ideas
hoy comunes en la filosofía, ontologia, la epistemología, la psicología las ciencias sociales: la identidad no es
fija ni esencial, sino narrativa y procesual. Nos vamos haciendo en el
tiempo, a través de experiencias, vínculos, decisiones y conflictos. Cada
biografía es una negociación permanente entre lo que somos y lo que nos pasa. La
vida no se recibe hecha: se
interpreta y se construye.
Comprender para transformar
De allí se desprende una
exigencia intelectual y ética: para transformar nuestro entorno —y
transformarnos— debemos comprender las fuerzas que lo configuran. Las
estructuras sociales, las tradiciones culturales, las condiciones políticas no
son ruido de fondo, sino parte constitutiva de nuestra existencia. En un mundo
globalizado e interdependiente, esta intuición resulta más actual que nunca.
Nuestras decisiones individuales tienen consecuencias colectivas. No hay
neutralidad posible.
Una invitación a la acción responsable
Ortega no propone resignación,
sino compromiso. No basta con quejarse de la circunstancia; hay que
intervenir en ella. Salvarla no significa idealizarla, sino hacerla habitable,
más justa, más humana. Este llamado implica responsabilidad y también
empatía: comprender que el otro no es un obstáculo, sino parte de la misma
trama circunstancial que nos constituye.
Epilogo
La afirmación final, «si no la salvo a ella, no me
salvo yo», encapsula una ética de la vida situada. Demuestra que no
existe una salvación puramente individual que pueda lograrse al margen del
mundo compartido. La realización personal está indisolublemente vinculada al
bienestar y la mejora del entorno colectivo.
El pensamiento de Ortega, descrito como
"ecuménico", trasciende contextos específicos y se mantiene vigente.
Entender esta interdependencia fundamental entre el yo y su circunstancia es el
primer paso para comenzar a "salvar algo", es decir, para iniciar un
camino de acción consciente y transformadora. Pensar, al igual que vivir, es
una actividad que siempre ocurre en circunstancia.