Epistemología
del desacuerdo cotidiano
Y por qué
Kappa importa
Al desacuerdo en la vida cotidiana solemos
interpretarlo como error, terquedad o mala fe. Sin embargo, desde una
perspectiva epistemológica, revela algo más profundo: la distancia entre
experiencia compartida y criterio de decisión. Dos personas pueden observar
el mismo fenómeno, describirlo de modo parecido y, aun así, no llegar a la
misma conclusión. En ese caso hay umbrales distintos. El problema
no está en los hechos, sino en el punto donde cada uno decide decir “sí” o
“no”.
Aquí
conviene distinguir con precisión: Correlación: los juicios varían juntos. Cuando algo aumenta para uno, aumenta para
el otro. Describe acompañamiento. Concordancia: los juicios coinciden
exactamente. Describe identidad de decisión. La epistemología del desacuerdo
comienza cuando advertimos que la correlación no garantiza concordancia.
Compartir una tendencia no implica compartir un veredicto. Y muchas prácticas
humanas —diagnosticar, juzgar, evaluar— dependen del veredicto, no de la
tendencia.
Un ensayo breve desde la mesa: Estábamos con Blanca y nos trajeron un plato que, objetivamente, estaba
salado. Ella lo notó de inmediato y dijo muy salado. Yo también percibí el
exceso de sal, pero no con la misma intensidad.
En ese pequeño desacople se esconde una distinción
conceptual importante: había correlación, pero no concordancia
suficiente.
La correlación es cómoda: Indica que dos juicios se mueven en la misma dirección: cuando a uno
algo le parece más salado, al otro también. No estamos en mundos perceptivos
opuestos. Compartimos el mismo estímulo y una sensibilidad parecida.
Pero la concordancia exige algo
más exigente: no solo sentir parecido, sino emitir el mismo veredicto. Decir lo
mismo sobre lo mismo.
En la mesa, esa diferencia suele pasar desapercibida: Decimos “más o menos estamos de acuerdo” y
seguimos comiendo. Sin embargo, desde un punto de vista más riguroso, no lo
estamos. Usamos umbrales distintos. La experiencia es correlacionada. Si repitiéramos esta escena muchas veces —distintos
platos, distintos restaurantes— podríamos incluso cuantificar el acuerdo.
Veríamos que coincidimos más de lo que el azar
explicaría, pero menos de lo necesario como para hablar de plena
concordancia. No porque uno se equivoque, sino porque el lenguaje sensorial
es impreciso y las categorías (“salado”, “bien”, “excesivo”) no están
calibradas.
Este ejemplo doméstico revela
algo más general, en la clínica, en la ética, en la política, abundan
situaciones en las que las personas concuerdan en la tendencia, pero no en la
conclusión. Se confunde entonces correlación con acuerdo, y el desacuerdo se
vive como obstinación o incluso mala fe. Cuando en realidad, muchas veces, es
solo un desacuerdo de umbrales. La concordancia no es un requisito para
convivir, pero sí para decidir juntos.
La escena del plato salado enseña, en miniatura,
una lección mayor: compartir una percepción no garantiza compartir una
decisión. Y entender esa diferencia no elimina el desacuerdo, pero lo
vuelve más honesto, más preciso y, quizá, más tolerable. Correlación:
compartimos la dirección del juicio. Concordancia: compartiríamos el
veredicto. En la vida cotidiana está
llena de situaciones —como ese plato salado— donde convivimos razonablemente
bien sin necesidad de concordar del todo, Kappa nos oferta medir la
concordancia, ¨el acuerdo real¨.
1.-Primer punto clave:
Kappa no se calcula sobre un solo plato, sino sobre una serie de juicios
repetidos. Un único caso solo ilustra la idea, pero no permite
cuantificar.
- Salimos a comer varias
veces.
- En cada comida, ambos
clasificamos el plato como:
- Salado
- No
salado
Eso ya permite medir concordancia.
2.
Construimos la tabla , en lenguaje de mesa, no de laboratorio:
Supongamos 10 platos compartidos:
|
Blanca: Salado |
Yo: No salado |
|
|
Vos: Salado |
4 |
2 |
|
Vos: No salado |
1 |
3 |
Interpretación:
- Coincidimos en 4 platos: “sí, salado”
- Coincidimos en 3 platos: “no, está
bien”
- Discrepamos en 3 platos (el típico “para
vos sí, para mí no”)
Acuerdo
observado ,lo intuitivo:
Acuerdos totales:
4 + 3 = 7 de 10 → 70 %
En la mesa diríamos: “Bastante de acuerdo, ¿no?”
Pero Kappa nos
pregunta el acuerdo esperado por azar:
Calculamos qué tan seguido coincidiríamos al
azar:
- Yo
dije “salado” 6 veces.
- Blanca dijo “salado” 5 veces.
El acuerdo esperado por azar resulta ≈ 0,50 (50 %).
El acuerdo según Kappa de Cohen dice:
Interpretación
traducida al lenguaje cotidiano:
Un Kappa ≈ 0,40 se
interpreta como: concordancia moderada
En castellano de sobremesa: No
estamos en desacuerdo sistemático, pero tampoco “pensamos igual”. Compartimos
una sensibilidad parecida, pero con umbrales distintos. Esto encaja
perfecto la frase: “Estaba salado, pero no tanto.”
Lo
interesante:
El índice de Kappa muestra algo que la conversación
informal no distingue: El 70 % de
acuerdo parece alto. Pero parte de ese acuerdo es trivial (azar +
categorías groseras). Lo que queda es una concordancia real pero limitada.
¿Cómo se
puede cuantificar la concordancia?
Traducción
final a una sola frase:
Con Blanca coincidimos bastante
en cuándo un plato tiende a estar salado, pero no lo suficiente como para
emitir siempre el mismo veredicto; nuestro Kappa culinario sería moderado. Este
ejemplo doméstico explica mejor Kappa que muchos papers.
Adenda
La correlación detecta si dos variables se
mueven juntas siguiendo un patrón, aunque los valores no coincidan.
La concordancia, en cambio, evalúa acuerdos
de juicio: indica si distintos observadores o mediciones dicen lo mismo
sobre el mismo objeto, descontando el azar.
Pueden coincidir, pero no se implican: puede
haber correlación sin concordancia y
concordancia sin correlación .
La correlación pertenece al plano de la descripción
empírica, mientras que la concordancia toca el plano normativo y epistemológico
del juicio.
Conclusión
Una visión de la naturaleza del desacuerdo desde una
perspectiva epistemológica, distinguiendo fundamentalmente entre la correlación
de percepciones y la concordancia de veredictos. A través del análisis de la
experiencia cotidiana y el uso del índice Kappa , se demuestra que el
desacuerdo no es necesariamente un fallo del conocimiento, sino una manifestación
de umbrales de decisión divergentes ante un mismo fenómeno. Se
concluye que, si bien la correlación indica una tendencia compartida, solo la
concordancia permite la toma de decisiones conjuntas, siendo el índice Kappa
la herramienta precisa para cuantificar este acuerdo más allá del azar.