Impronta,
empatía y emoción en la constitución de lo humano
Hace varios
años tuve la oportunidad de leer los trabajos de Konrad Lorenz sobre la impronta
o troquelado en aves, particularmente en gansos salvajes y grajos.
Lorenz describió cómo estos animales interpretan como progenitor al primer
objeto en movimiento que aparece en un determinado ángulo de su entorno
inmediato. Este fenómeno, situado en una zona intermedia entre lo innato y
lo aprendido, cuestiona la dicotomía clásica entre naturaleza y cultura y pone
de relieve la existencia de aprendizajes tempranos con efectos duraderos e
irreversibles.
Estos
hallazgos, son fundamentales para el desarrollo de la etología y, contribuyeron
a que Lorenz —médico devenido etólogo— recibiera el Premio Nobel de Medicina, consolidando el estudio
científico del comportamiento como un campo central para la comprensión de la
vida relacional.
Es una aproximación sobre la constitución de la
subjetividad humana, que no emerge de
una racionalidad autónoma ni de un individualismo puro, sino de un complejo
entramado de vínculos, reflejos e identificaciones tempranas. La impronta de Konrad Lorenz
es un muestra de la existencia de aprendizajes tempranos,
irreversibles y situados entre lo innato y lo adquirido, desafiando la
dicotomía clásica entre naturaleza y cultura.
La primera mirada que representa la impronta y el
descubrimiento de las neuronas espejo proporcionan una base
neurobiológica a la comprensión del otro, revelando una experiencia encarnada y no meramente
cognitiva. Se establece además una distinción fundamental entre la empatía,
función basal para la vida social de los vertebrados, y la compasión,
una modalidad específicamente humana que implica la participación en las
pasiones del otro y marca el tránsito del plano biológico al simbólico. La
emoción no es un obstáculo para el conocimiento, sino una de sus
condiciones de posibilidad, y que la humanidad se define no tanto por la
capacidad de cálculo, sino por la de sentir y responder a la experiencia del
otro. Esto confiere al conocimiento una responsabilidad ética ineludible:
conocer es una forma de participación en un mundo compartido.
La Impronta y los Fundamentos del Vínculo
La investigación etológica ha sido fundamental para
cuestionar las fronteras tradicionales entre lo innato y lo aprendido. Los
trabajos de Konrad Lorenz sobre la impronta (o troquelado) revelan un mecanismo
de aprendizaje temprano con efectos duraderos e irreversibles que define las
primeras relaciones de apego.
El Fenómeno de la Impronta:
Lorenz describió cómo aves como los gansos salvajes
y los grajos identifican como progenitor al primer objeto en movimiento que
perciben en su entorno inmediato. Este fenómeno se sitúa en una zona intermedia
entre el instinto y el aprendizaje. Estos hallazgos no solo fueron cruciales
para el desarrollo de la etología como disciplina científica, consolidando el
estudio del comportamiento como un campo central para entender la vida
relacional.
El Dispositivo Especular: Arte, Neurobiología e Identidad
El concepto del reflejo o del espejo opera como un
principio organizador clave en la constitución del sujeto, manifestándose tanto
en la producción cultural como en los fundamentos neurobiológicos de la
cognición social.
De la Neurona a Velázquez : El espejo ha sido una fuente cultural y un objeto de análisis filosófico. Las
Meninas; Michel Foucault,
en Las palabras y las cosas, analiza esta obra de Diego Velázquez como una figura del
saber moderno. En el cuadro, el pintor se representa a sí mismo pintando, y el
espectador queda incluido en la escena, siendo mirado por la obra. Esto
problematiza la posición del sujeto y evidencia una representación que se
vuelve autorreferencial.
El Fundamento Neurobiológico: Las Neuronas Espejo
El descubrimiento de las neuronas espejo introduce
una dimensión especular en las bases de la vida psíquica y social. Estos
circuitos neuronales se activan tanto al ejecutar una acción como al observar a
otro realizar la misma acción. La comprensión del otro deja de ser un
proceso exclusivamente cognitivo o abstracto para convertirse en una
experiencia encarnada, mediada por el cuerpo y la simulación interna de la
acción observada.
La Identidad no es una
entidad preexistente, sino que se construye a través de la interacción empática,
el importante aporte de Stanley Greenspan que afirma de manera
contundente que “el desarrollo de la conciencia de la propia identidad
depende por completo de la relación empática entre el niño y sus padres”.
Esta idea subraya el carácter radicalmente relacional de la subjetividad desde
sus orígenes. El análisis subvierte la jerarquía tradicional del
pensamiento occidental que privilegia la razón sobre la emoción. Se argumenta
que la capacidad de afectar y ser afectado es la base de todo conocimiento y
vínculo social.
Adenda
Empatía y Compasión: De lo Biológico a lo Simbólico
J.-V. Didier propone una distinción crucial entre
empatía y compasión, situando a esta última en el centro de lo propiamente
humano. Didier sostiene que la compasión es la forma fundamental del
conocimiento y que la experiencia primaria es el sentir (pathos), no la
razón (logos). Se postula que "el tráfico de las pasiones precede
al comercio de las ideas" Marca una
distinción Clave:
La empatía: considerada indispensable
para la vida social de los vertebrados, es una función biológica Es automática, visceral, compartida con otros vertebrados. Es contagio
emocional.
La compasión: definida como la
participación en las pasiones del otro, supone el paso del plano biológico al
simbólico. Esta transición marca el tránsito del animal al hombre: del
intercambio de emociones al de signos. ): Es
propiamente humana porque implica una distancia simbólica. No es solo
"sentir lo mismo" (lo cual puede ser abrumador o egocéntrico), sino
"participar en la pasión del otro" reconociéndolo como un otro.
La Humanidad Definida por el Vínculo
La conjunción de genes, memes, impronta, neuronas
espejo e imitación da lugar a un sujeto cuya esencia es relacional. La ficción
y la experiencia cotidiana ofrecen ejemplos claros de esta interconexión. La
constitución de lo humano es inseparable de un entramado de vínculos donde la
alteridad es una condición originaria y no un añadido posterior. Si el
conocimiento se funda en la capacidad de ser afectado, entonces todo saber
conlleva una responsabilidad ética. Conocer no es un acto neutral, sino una
forma de implicación. En un contexto de vínculos crecientemente mediatizados
por la tecnología, recuperar la centralidad de la relación empática y compasiva
se convierte en una exigencia teórica y ética.
Síntesis
Se trata de
lograr una síntesis humanista, un hilo conductor coherente entre la biología
pura (Lorenz), la neurociencia cognitiva células espejo (Rizzolatti), la
filosofía del arte (Foucault) y la ética (Didier), que permita afirmar que la constitución de lo humano no puede pensarse como
un fenómeno exclusivamente individual ni como el producto de una racionalidad
autónoma.
El sujeto emerge siempre en un entramado de
vínculos, reflejos e identificaciones tempranas, donde la alteridad no es un
añadido posterior, sino una condición originaria. un manifiesto contra el
solipsismo y el racionalismo desencarnado somos organismos vivos que se
constituyen en y por la relación con el otro.
La empatía aparece como una función basal que
posibilita la vida social; la compasión, en cambio, introduce una dimensión
específicamente humana al inscribir la experiencia del otro en el orden
simbólico. Si el conocimiento se funda en la capacidad de ser afectado,
entonces toda forma de saber conlleva una responsabilidad ética. Conocer no es
un acto neutral, sino una forma de participación. En un contexto histórico atravesado por tecnologías cada vez más
sofisticadas y vínculos crecientemente mediatizados, recuperar la centralidad
de la relación empática y compasiva se vuelve una exigencia teórica y ética.
“Soy humano
y nada de lo humano me es ajeno”, afirmaba Terencio. Tal vez sea esta apertura
al otro —esta tensión constitutiva entre razón y emoción, individuo y vínculo,
naturaleza y cultura— la que define nuestra condición. En esa tensión inestable
pero fecunda se juega la posibilidad de errar, de reparar y de seguir
construyendo, con otros, aquello que llamamos humanidad.