Investigando en los huecos de la
basura
¿Qué pasaba
en los huecos (las sinapsis)?
Ya no acariciaba el ingenuo propósito de hallar en
el cerebro al yo, el ello y el superyó como entidades localizables, y lo había
reemplazado por una idea algo menos vaga, aunque más fecunda: tenía la
impresión de que, determinando el fundamento biológico de la memoria, podría
acercarme a la comprensión de los procesos mentales superiores.
Para mí era evidente que el aprendizaje y la
memoria constituyen procesos cruciales tanto para el psicoanálisis como para la
psicoterapia. Al fin y al cabo, muchos problemas psicológicos son productos del
aprendizaje, y el psicoanálisis descansa sobre el principio de que lo aprendido
puede desaprenderse. Sin embargo, se pasaba por alto el hecho de que ciertas
formas elementales de aprendizaje son comunes a todos los animales. Me parecía
probable que, en el curso de la evolución, los seres humanos hubieran conservado
algunos de los mecanismos celulares de aprendizaje y almacenamiento de
recuerdos que ya estaban presentes en animales más simples.
Eric
Kandel
Este modo
de pensar resultó clave para estudiar un organismo menos complejo; la Aplysia
californica (del griego aplysia: basura), un molusco marino con un
sistema nervioso notablemente simple, compuesto por aproximadamente 20.000
neuronas, frente a las más de 10¹¹ neuronas presentes en algunos cerebros
humanos. La utilización de este organismo como modelo experimental le permitió
a Eric Kandel recibir el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en el año 2000,
por sus investigaciones acerca de los mecanismos moleculares de la memoria.
La Aplysia,
también conocida como liebre de mar debido a sus dos tentáculos cefálicos
semejantes a orejas, presenta un reflejo defensivo elemental: ante chorros de
agua de distinta intensidad retrae sus branquias para evitar daños. Cuando el
organismo “aprende” que el estímulo no resulta nocivo, deja de retraerlas.
Como señala
Kandel:
“Mientras que la habituación requiere que un animal aprenda a
hacer caso omiso de un estímulo porque sus consecuencias son triviales, la sensibilización
requiere que el animal aprenda a prestar atención al estímulo porque éste
va acompañado de consecuencias dolorosas o potencialmente peligrosas.”
De este
modo, el comportamiento depende del tipo de estímulo y de la historia de
aprendizaje asociada. Cuando el estímulo es aprendido, las sinapsis se
modifican y el aprendizaje se complejiza. Este proceso no implica la
incorporación de nuevas neuronas, sino la reorganización funcional y
estructural de los circuitos neuronales existentes.
Este
mecanismo, conservado a lo largo de la evolución, permite afirmar que no todo
aprendizaje ni toda cognición son conscientes, y que muchos de los procesos que
sostienen la conducta operan por debajo del umbral de la conciencia.
Kandel
demostró que las modificaciones producidas por la estimulación a nivel
sináptico están directamente relacionadas con la intensidad, la duración y la
repetición del estímulo, y que la memoria mantiene una relación íntima con los
cambios anatómico-funcionales que se producen en las sinapsis.
Los
estímulos débiles o breves producen modificaciones funcionales transitorias,
responsables de la memoria de corto plazo. En cambio, los estímulos intensos,
repetidos o dotados de significación conducen a la formación de memorias de
largo plazo, las cuales requieren cambios estables en la estructura sináptica.
Desde el
punto de vista molecular, la
consolidación de la memoria de largo plazo depende de la activación de
mecanismos de expresión génica, particularmente del factor de transcripción
CREB (cAMP Response Element-Binding Protein). La activación de CREB
permite que determinados genes se expresen, dando lugar a la síntesis de nuevas
proteínas sinápticas.
Estas
proteínas cumplen funciones estructurales y funcionales: favorecen el
crecimiento de nuevas espinas dendríticas, fortalecen las conexiones sinápticas
y aumentan de manera sostenida la liberación de neurotransmisores. El resultado
es una modificación estable del circuito neuronal involucrado en el
aprendizaje. Si este proceso de síntesis proteica se bloquea, la memoria de
largo plazo no se consolida, aunque la memoria de corto plazo permanezca
intacta. Aprender de manera duradera implica, por lo tanto, cambios biológicos
reales, y no una mera acumulación de información.
Aprendizaje, intervalo y método: Desde este marco, el aprendizaje no puede
concebirse como un proceso continuo, lineal y acumulativo. La evidencia
neurobiológica muestra que la consolidación del conocimiento requiere tiempos
de activación, intervalos de reposo y procesos de elaboración no consciente,
durante los cuales se reorganizan los circuitos neuronales y se sintetizan las
proteínas necesarias para la memoria de largo plazo.
En este
sentido, la estrategia de interrumpir deliberadamente la lectura o el estudio
cuando un concepto, un problema o una pregunta despiertan particular interés
—para retomarlos luego de un tiempo— puede entenderse como una propuesta
metodológica fundada. Lejos de implicar abandono, esta pausa introduce un
intervalo que mantiene activo el circuito neuronal implicado, que favorece consolidación en oposición a la "bulimia intelectual" que es tragar información sin digerirla ,una
reivindicación científica del "tiempo perdido"
Desde el
punto de vista neurobiológico, la activación inicial seguida de un período sin
estimulación directa favorece los procesos dependientes de la expresión génica
y la síntesis proteica mediados por CREB. Durante este tiempo de latencia, el
cerebro continúa reorganizando las conexiones sinápticas implicadas aun en
ausencia de atención consciente sostenida.
Intuitivamente
muchas veces cuando algo me interesaba mucho dejaba de leer y sentía que luego
el tema me ¨llamaba¨. Después supe que este
fenómeno se explica por qué el retorno posterior al texto no se produce como
una simple reanudación, sino como una reactivación cualitativamente distinta ,el
conocimiento no se presenta como algo que se adquiere de una vez, sino como
algo que se elabora en tiempos discontinuos, mediante pausas, retornos y
resignificaciones.
En búsqueda
de más explicación de este ¨llamador¨, encontré que, desde el psicoanálisis freudiano, esto puede
pensarse en términos de elaboración psíquica diferida (Nachträglichkeit),
donde el sentido no se constituye de manera inmediata, sino que se reorganiza
posteriormente.
Freud ya había señalado que no todo trabajo
psíquico ocurre en la conciencia, y que los intervalos y las interrupciones
cumplen una función estructurante en la producción de sentido. Para Lacan, este
intervalo adquiere un estatuto aún más preciso: el saber no se transmite como
un objeto cerrado, sino que se articula alrededor de una falta. La pausa, el
no-todo sabido y la suspensión del cierre sostienen el deseo de saber,
condición indispensable para que el aprendizaje no se reduzca a la repetición
mecánica. De este modo, la estrategia de detenerse y volver —el “llamador”— no
solo respeta los tiempos biológicos de la memoria, sino que se articula con una
concepción del sujeto del aprendizaje como sujeto del deseo.
Aprender,
desde esta perspectiva, no consiste únicamente en exponerse al contenido, sino
en saber cuándo detenerse, qué dejar abierto y cómo permitir que el saber se
reorganice antes de ser retomado. No recuerdo , al menos en mi entorno cercano, que
otros aprendices que hayan adoptado conscientemente una modalidad similar. Detenerse
no equivale a abandonar, sino a permitir que el conocimiento se reorganice.
El desafío
para el ámbito educativo, y en particular para el universitario, no consiste
solo en transmitir contenidos, sino también en ofrecer marcos teóricos que
permitan comprender sus propios procesos de aprendizaje.
En
definitiva, aprender no es únicamente adquirir conocimientos, sino también
aprender sobre el acto de conocer. Reconocer los límites biológicos, aceptar la
función del intervalo y sostener el deseo de saber permite una relación más
fecunda con el estudio, una memoria más duradera y una formación que no se
limite a reproducir saberes, sino que los vuelva verdaderamente propios.
“La función de la memoria no es conservar el
pasado, sino organizar el presente y hacer más predecible el futuro.”
A. Glemberg
“La memoria se compara a un
palimpsesto.”
Charles
Baudelaire
Adenda
El "Intervalo" como estructura activa, contrapone la ansiedad productiva moderna leer sin parar con la
necesidad biológica y psíquica de la pausa en la lectura.
- Lo Biológico: Explica claramente que la consolidación
a largo plazo cuesta energía y toma tiempo (síntesis de
proteínas). Sin la pausa, el "cemento" no fragua.
- Lo Psicoanalítico: Conecta esto con la Nachträglichkeit
(apre-coup). El sentido no estaba “ahí desde el inicio”,
sino que se construye después. El
sentido no se cierra en el momento de la lectura, sino después.
- Conclusión: "El intervalo no es tiempo
muerto, es tiempo de fraguado." Esta idea desculpabiliza que
necesitamos detenernos.
El fenómeno del "Llamador" (El deseo y la falta) la intuición de "dejar de leer cuando más interesa" es
contraintuitiva pero importante. Al cortar en el clímax del interés, se genera artificialmente lo que la psicología
de la Gestalt llama el Efecto Zeigarnik: Bluma Zeigarnik, señala que recordamos
mejor las tareas incompletas o interrumpidas que las tareas ya terminadas.
En otras palabras: lo que queda “pendiente” permanece activo en la mente. Lacan,
articula el saber alrededor de una falta, si lo leyéramos todo de una vez hasta
saciarnos, se mataría el deseo (la falta). Al interrumpir, aseguramos
de que el deseo te "llame" de
vuelta. Hay que tener en cuenta que el tiempo de interrupción se da en todo los órdenes,
pero se debe respetar un límite de duración.
Conclusion
El
aprendizaje y la memoria no constituyen meros procesos psicológicos abstractos,
sino fenómenos biológicos, históricos y subjetivos que se articulan en
distintos niveles. Desde las modificaciones sinápticas descritas por Kandel
hasta la elaboración diferida conceptualizada por el psicoanálisis, aprender
implica siempre un trabajo que excede la conciencia inmediata y que requiere
tiempo, intervalo y reorganización.
Comprender
que la memoria de largo plazo depende de cambios estructurales mediados por la
síntesis proteica, y que estos procesos continúan operando aun en ausencia de
atención consciente, habilita una mirada menos ingenua y más responsable sobre
el acto de estudiar. En este marco, la pausa, la interrupción y el retorno no
aparecen como fallas del método, sino como momentos constitutivos del
aprendizaje mismo.
La estrategia de detenerse y volver, concebida aquí como “llamador” del
saber, encuentra así un doble fundamento: neurobiológico, en los tiempos de
consolidación sináptica, y psicoanalítico, en la función de la falta y del
deseo en la producción de conocimiento. El "Intervalo" como estructura activa
Enseñar y
aprender implica aprender sobre cómo se
aprende. Hacer visible este proceso, especialmente en el ámbito universitario,
no solo favorece aprendizajes más duraderos, sino que devuelve al sujeto un
lugar activo frente al saber, donde el conocimiento deja de ser mera
acumulación de información y se convierte en una experiencia transformadora.