Edgardo A Marecos

jueves, enero 15, 2026

 

José Ortega y Gasset:

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo»

¿Qué es realmente esta cita? Es una tesis ontológica

Estaba empezando años atrás dictando: Como dijo Ortega y Gasset , Raúl —uno de los colaboradores de la revista de la VI Cátedra de Medicina— me interrumpió con una corrección:

 

“Como dijeron Ortega y Gasset” .

Guardé un silencio terapéutico.

Luego le pedí: Escribí como te dije. Después te explico.

 

La anécdota de Raúl una metáfora apropiada por dos razones:

 

Humor: Rompe el hielo y humaniza.

Simbolismo accidental: Al igual que Raúl creía que Ortega y Gasset eran dos personas separadas, un error común es creer que el "Yo" y el "Mundo" (la circunstancia) son dos entidades separadas. Ortega y Gasset son uno; el Yo y la Circunstancia son una unidad indisoluble.

Con su célebre formulación, Ortega y Gasset nos advierte que el “yo” no es una entidad aislada, autosuficiente ni abstracta. No hay sujeto puro. La identidad personal se constituye siempre en relación con un entorno: histórico, social, cultural, biográfico. El yo es inseparable de su circunstancia.

Pero la circunstancia no es destino. No es una jaula ni una coartada. Es el campo de posibilidades en el que la vida se despliega. Somos, a la vez, producto de ese contexto y agentes capaces de intervenir en él.

La circunstancia como realidad dinámica

Imagen que contiene Diagrama

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Ortega rompe tanto con el determinismo como con el voluntarismo ingenuo. No somos simples víctimas del mundo que nos toca, pero tampoco creadores ex nihilo. La circunstancia es dinámica: cambia, nos cambia, y puede ser transformada. Aquí aparece una noción central. la esencia semántica que Ortega le da a la palabra "salvar”.

No se trata de una salvación religiosa ni mesiánica. "Salvar" las circunstancias significa buscarles el sentido, comprenderlas y elevarlas. Como bien dices: "hacerla habitable, más justa". Si yo ignoro mi contexto (mi barrio, mi tiempo, mi sociedad), me vuelvo una abstracción vacía. Al dotar de sentido a mi entorno, me doy sentido a mí mismo.

 

 

Identidad como construcción, no como esencia

Esta concepción anticipa ideas hoy comunes en la filosofía, ontologia, la epistemología, la psicología  las ciencias sociales: la identidad no es fija ni esencial, sino narrativa y procesual. Nos vamos haciendo en el tiempo, a través de experiencias, vínculos, decisiones y conflictos. Cada biografía es una negociación permanente entre lo que somos y lo que nos pasa. La vida no se recibe hecha: se interpreta y se construye.

Comprender para transformar

De allí se desprende una exigencia intelectual y ética: para transformar nuestro entorno —y transformarnos— debemos comprender las fuerzas que lo configuran. Las estructuras sociales, las tradiciones culturales, las condiciones políticas no son ruido de fondo, sino parte constitutiva de nuestra existencia. En un mundo globalizado e interdependiente, esta intuición resulta más actual que nunca. Nuestras decisiones individuales tienen consecuencias colectivas. No hay neutralidad posible.

Una invitación a la acción responsable

Ortega no propone resignación, sino compromiso. No basta con quejarse de la circunstancia; hay que intervenir en ella. Salvarla no significa idealizarla, sino hacerla habitable, más justa, más humana. Este llamado implica responsabilidad y también empatía: comprender que el otro no es un obstáculo, sino parte de la misma trama circunstancial que nos constituye.

Epilogo

La afirmación final, «si no la salvo a ella, no me salvo yo», encapsula una ética de la vida situada. Demuestra que no existe una salvación puramente individual que pueda lograrse al margen del mundo compartido. La realización personal está indisolublemente vinculada al bienestar y la mejora del entorno colectivo.

El pensamiento de Ortega, descrito como "ecuménico", trasciende contextos específicos y se mantiene vigente. Entender esta interdependencia fundamental entre el yo y su circunstancia es el primer paso para comenzar a "salvar algo", es decir, para iniciar un camino de acción consciente y transformadora. Pensar, al igual que vivir, es una actividad que siempre ocurre en circunstancia.

 

miércoles, enero 14, 2026

 

JET LAG , relojes internos y soluciones inesperadas

 

Primer y último vuelo en sentido Transpolar

 

La cena conto con  visita de Eduardo Reboredo fue la oportunidad para preguntarle acerca de  sus experiencias como piloto de A.A. entre otras cosas nos contó algo que no imaginábamos, que en las rutas aéreas existen zonas de mayor peligro de choques con restos espaciales.

 

                                             ¡Lo único que nos faltaba a los aprensivos a los viajes en avión!

 

Nos relato acerca del jet lag o disritmia circadiana, problema que se presenta cuando se cruzan husos horarios, y que se manifiesta con diversos signos;  sueño en pleno día, insomnio, cansancio, etc.

 

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El problema es menor si se viaja hacia el oeste porque prolonga la experiencia del reloj corporal y se altera menos el ciclo día-noche. Si viajamos hacia el este supone viajar en el sentido opuesto a nuestro reloj biológico.

Texto

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Nos decía Eduardo que cada uno de los tripulantes busca una forma personal de neutralizar sus síntomas, prueban desde hacer ejercicios, exponerse a la luz o tomar melatonina, etc. Pero creo que le tengo una  recomendación más argentina y científica, ¡Usar viagra! Sin profundizar en este tema me parece importante escribir algunas líneas de Diego Golombek,  científico y divulgador autor de varios libros como, ¨Cavernas y Palacios¨  y  ¨Las neuronas de Dios¨.

 

El 01 04 2014 aterrizó en Ezeiza el AR118, último vuelo transpolar de A A, luego de casi 34 años ininterrumpidos de unir América Latina con Oceanía

 

 

A D. Golombek le otorgaron igNobel de Harvard, premio que se otorga a quienes hacen primero reír y luego pensar,  trabajo con  hámsteres, los cuales tienen un reloj biológico (núcleo supraquiasmático) muy preciso que se pone en hora en base a  fotoceptores, y según este investigador, el sindenafil  se encarga de  disminuir las manifestaciones del cambio de horario. La ¨cuerda¨ de su reloj biológico depende de una enzima, la fosfodiesterasa 5, la cual es casualmente la enzima sobre la que actúa el sindenafil  y al parecer es  eficiente cuando el reloj se adelanta y la droga hace ejercer su efecto.

 

 

Eduardo nos comentó que participaría del último viaje transpolar de A A .Lo lamento Eduardo, el sindenafil es solo  efectivo cuando el viaje en avión atraviesa husos horarios hacia el este, si vas al oeste solo podrías tener los efectos primarios esperados y no sobre el jet lag, lo cual tampoco  está mal.

Moraleja:

Incluso nuestros desajustes más cotidianos —el cansancio, el insomnio, la sensación de estar “fuera de hora”— esconden una maquinaria biológica sofisticada. Y a veces, las soluciones más inesperadas no nacen del sentido común, sino de ese cruce tan fértil entre ciencia, humor y curiosidad que nos obliga, una vez más, a pensar distinto.

 

 

 

martes, enero 13, 2026

 

Retroceder para avanzar:

un método cartesiano para la vida cotidiana

La incertidumbre como síntoma

Vivimos en una época en la que la incertidumbre es un problema tanto de la física cuántica como de  la experiencia cotidiana . La saturación informativa, la volatilidad de las agendas, la fragilidad de los vínculos y la aceleración de los acontecimientos obligan  a decidir de manera constante en un marco de duda casi permanente.

En un entorno de saturación informativa y aceleración constante, operamos muchas veces de forma automática y reactiva, habiendo olvidado cómo pensar metódicamente. La solución propuesta es una suerte de "vivir basado en la evidencia", análogo a la Medicina Basada en la Evidencia, que no busca eliminar la incertidumbre, sino hacerla habitable.

En este contexto reaparece una pregunta elemental, tan antigua como vigente: ¿qué somos cuando decidimos? La respuesta que René Descartes formula en 1637 conserva una fuerza inesperada: somos una cosa que piensa. Y pensar —aclara— no es solo razonar en abstracto, sino dudar, afirmar, negar, querer, imaginar. El problema no es que hayamos dejado de pensar, sino que hemos olvidado cómo hacerlo. Operamos en automático, reaccionamos antes de comprender.

Imagen que contiene Diagrama

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Es aquí donde el Discurso del método deja de ser un texto filosófico distante para convertirse en una herramienta práctica. La medicina contemporánea, al adoptar el rigor cartesiano bajo la forma de la Medicina Basada en la Evidencia, ofrece ¨un¨ ejemplo particularmente visible —pero no exclusivo— de cómo el método puede reducir errores en contextos de alta incertidumbre. A partir de su aplicación y nominación hoy  su análogo existencial: es  vivir basado en la evidencia, orientado no a eliminar la incertidumbre, sino a hacerla habitable.

 

I. La evidencia: el filtro contra el ruido

La primera regla del método cartesiano es clara y exigente: no aceptar nada como verdadero que no se presente de manera clara y distinta. En el siglo XVII, esta regla operaba como una ruptura con la autoridad de la tradición escolástica; en el siglo XXI, funciona como un antídoto frente a la posverdad, la sobreinformación y la ansiedad cognitiva.

En la vida cotidiana, la precipitación es nuestro método dominante. Un mensaje ambiguo, un comentario fuera de contexto, un titular alarmista o un rumor laboral activan respuestas emocionales inmediatas antes de que la razón intervenga. Aplicar la primera regla no significa desconfiar de todo, sino suspender el juicio. Preguntarse: ¿qué evidencia tengo realmente?, ¿esto que doy por cierto está fundado o es una inferencia dictada por mis temores?

Buscar lo claro y distinto no es un ejercicio académico, sino una forma elemental de higiene mental. En una cultura que premia la reacción rápida, detenerse a evaluar la evidencia es, paradójicamente, un gesto de resistencia.

II.- Análisis: el arte de dividir

La segunda regla cartesiana propone dividir cada dificultad en tantas partes como sea posible. La experiencia cotidiana confirma la necesidad de este principio: los problemas vitales suelen presentarse como totalidades opacas —“mi vida”, “mi trabajo”, “mi situación económica”— que paralizan por su magnitud.

Escala de tiempo

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Aquí cobra sentido la consigna que da título al ensayo: retroceder para avanzar. Analizar implica desandar el camino, ir de los efectos a las causas, frenar la inercia de la huida hacia adelante. El análisis reduce el tamaño del problema sin trivializarlo. El ¨monstruo¨, al ser fragmentado, pierde su aura de invencibilidad. No desaparece, pero se vuelve tratable. Esta es una de las enseñanzas más fértiles del método: lo que parece insoluble como totalidad suele ser manejable como conjunto de partes.

 

III. y IV. - Síntesis y enumeración: la arquitectura del orden

El método no se agota en la descomposición. A la fase analítica le sigue la reconstrucción. La tercera regla —conducir ordenadamente los pensamientos— Y la cuarta —realizar enumeraciones completas— constituyen una respuesta directa al imperio del fragmento.

En la vida cotidiana tendemos a absolutizar lo anecdótico. Un error puntual se transforma en identidad; un fracaso aislado se vuelve diagnóstico definitivo. Frente a esta distorsión, el método propone una operación que podríamos denominar la alquimia del siglo XXI: el metaanálisis personal. La enumeración obliga a revisar el panorama completo: los aciertos y los errores, las continuidades y las rupturas. La síntesis integra esas experiencias en una trayectoria, permitiendo distinguir tendencias de accidentes. Este movimiento no elimina el error, pero impide que se convierta en condena total.

Texto, Aplicación

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Conclusión. La pericia de vivir

Aplicar evidencia, análisis, síntesis y revisión en la vida cotidiana no garantiza decisiones infalibles, pero sí reduce el margen de error cognitivo y el costo emocional de equivocarse. Retrocedemos hacia la razón para poder avanzar . En un mundo saturado de respuestas rápidas y certezas frágiles,  el gesto más prudente consiste en recuperar el derecho a dudar metódicamente antes de dar el siguiente paso.