Ser vivo, ser sistema:
Maturana
y Varela
Para Maturana y Varela, un ser
vivo es un sistema que se produce a sí mismo continuamente. A esto lo llamaron autopoiesis.
No es que el organismo tenga una identidad fija, sino que la va generando
momento a momento. Esta autoproducción necesita un límite —una membrana—
que separa al sistema del entorno. Pero ese límite no es un muro: es una ¨frontera
dinámica¨ que regula intercambios , en segundo año de medicina tomamos
conciencia de la importancia de las membranas celulares y el intercambio a ese
nivel que posibilita la vida.
Aquí se nos
aclara la aparente paradoja : necesitamos un borde para ser
“alguien”, pero ese alguien sólo existe gracias a sus relaciones. Somos
autónomos en nuestra operación cotidiana —nadie puede vivir por nosotros—, pero
estamos constituidos por vínculos biológicos, sociales y culturales. El
poder íntimo de la membrana en todos los niveles pasa desapercibido.
Aunque no
lo notemos, actuamos sistémicamente todo el tiempo. Regular la temperatura del agua en la ducha,
conducir un auto o usar el celular implica: anticipar resultados, corregir
errores, ajustar acciones según retroalimentación. Eso es pensamiento sistémico
cibernetico en acción.
Habitualmente
pensamos de forma lineal: buscamos causas simples para
fenómenos complejos. El pensamiento sistémico, desarrollado en el ámbito
organizacional por Peter Senge, al que tuve la oportunidad de conocer en
conferencia, propone mirar: las
interdependencias ,los bucles de retroalimentación, los efectos a largo plazo.
Cuando aplicamos esta mirada a nuestra vida, descubrimos que muchos problemas
no son fallas individuales, sino dinámicas de relación.
Creencias:
nuestros “cristales” para ver el mundo:
Nuestras creencias nos permiten actuar, pero también nos limitan.
Funcionan como lentes: hacen visible algo y ocultan otra cosa. Salir de ese encierro no significa abandonar las
creencias —eso es imposible—, sino darnos cuenta de que las tenemos y
explorar otras perspectivas. Ese cambio de mirada es lo que algunos
autores llaman metanoia: una transformación del observador. No
es un privilegio de unos pocos, sino una práctica que se puede cultivar: leyendo
fuera de nuestro marco habitual, dialogando con quienes piensan distinto,observando
cómo pensamos
El “comité” que somos: Si nos
miramos desde la biología y desde la teoría de sistemas, aparece una imagen
provocadora: no somos un individuo simple, sino un comité coordinado de
procesos. Lejos de ser un defecto —como sugiere la metáfora del “camello diseñado
por una comisión”—, esa multiplicidad es nuestra fortaleza. Los sistemas complejos son
más robustos porque pueden adaptarse, reorganizarse y aprender. La evolución no busca la simplicidad, sino la
viabilidad.
La visión de Maturana y Varela tiene
consecuencias prácticas:
En salud: La salud puede entenderse como equilibrio dinámico entre múltiples
subsistemas: biológicos, emocionales y sociales.
En conocimiento: Siempre actuamos según teorías, aunque no sepamos cuáles. Hacerlas
explícitas nos da más libertad.
En organizaciones: Los resultados dependen menos de individuos “brillantes” que de la
calidad de las relaciones y de la capacidad de aprender en conjunto. En
medicina es la regla.
Una nueva idea de libertad: Somos
sistemas interdependientes, la libertad no consiste en ser completamente
independientes —eso es imposible—, sino en: comprender los sistemas en los que
participamos, reconocer nuestros propios bucles de acción, ampliar nuestros
marcos de interpretación. La verdadera autonomía es relacional y reflexiva.
La pregunta entonces deja de ser
“¿quién soy?” para transformarse en: ¿qué relaciones sostienen lo que soy y
cómo puedo participar conscientemente en ellas? Ahí comienza, más que una
teoría, una práctica de vida
Conclusión
No somos entidades aisladas que enfrentan un mundo externo, ni tampoco
meros engranajes de un todo que nos determina. Somos procesos vivos que se autoproducen
en redes de relaciones. Entendernos como sistemas autopoiéticos y ecológicos
no reduce nuestra individualidad; la redefine. Nos muestra que la identidad
no es algo que “tenemos”, sino algo que hacemos continuamente en interacción
con otros.