Edgardo A Marecos

miércoles, febrero 18, 2026

 

Del Homo Sapiens al Homo Innovador:

Una relectura de Bergson










La obra de Henri Bergson, La Evolución Creadora, es de esos textos que, aunque no siempre complacen a todos por su densidad, invitan a volver a ellos una y otra vez. Al releer sus capítulos, uno encuentra una invitación fundamental: la de apropiarnos de aquello que resuena con nuestra propia búsqueda.

Bergson nos plantea la vida no como un estado estático, sino como el esfuerzo titánico de un organismo por arrancar "ciertas cosas" a la materia bruta. Y es en ese forcejeo vital donde emergen dos protagonistas que, aunque opuestos, comparten un origen común: la inteligencia y el instinto.

A menudo tendemos a verlos como escalones de una misma escalera, pero Bergson nos corrige con elegancia. No son grados de una misma cosa, sino tendencias divergentes que se bifurcan desde un mismo tronco vital. Como bien señala el filósofo:

“No hay inteligencia en la que no se descubran trazas de instinto, ni instinto en que no se halle rodeado de un halo de inteligencia. Solo se acompañan porque se complementan y solo se complementan porque son diferentes, lo instintivo que hay en el instinto es de sentido opuesto a lo que de inteligente hay en la inteligencia. El instinto y la inteligencia no se prestan a definiciones, por no ser cosas hechas sino tendencias.”

Es fascinante observar cómo esta dicotomía define nuestra relación con el mundo. Para Bergson, el punto de partida de la inteligencia no es la contemplación abstracta, sino la fabricación. La inteligencia es la facultad de crear objetos artificiales, utensilios para hacer otros utensilios y, lo más importante, de variar indefinidamente su fabricación.

Esto nos lleva a cuestionar nuestra propia autodefinición. Nos hemos llamado pomposamente Homo Sapiens, pero Bergson sugiere que el nombre más adecuado sería Homo Faber (el hombre que fabrica). Trayendo este concepto a nuestro siglo, donde la tecnología y la adaptación son constantes, hoy bien podríamos rebautizarnos como Homo Innovador.

Forma, Flecha

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El instrumento fabricado por la inteligencia es imperfecto al nacer: requiere un esfuerzo intelectual, conlleva dificultad para aprender a manejarlo y no cierra un ciclo de manera automática. Por cada necesidad que satisface, crea una nueva. Sin embargo, su potencia radica en su versatilidad: puede asumir cualquier forma y servir para cualquier uso. Es la herramienta de las posibilidades ilimitadas.

Por el contrario, el instinto opera bajo una lógica distinta. Es la facultad de utilizar e incluso construir "instrumentos organizados". Aquí, el instrumento es parte del cuerpo, una prolongación del trabajo de organización de la vida misma. El instinto nos dota de una herramienta especializada que se repara a sí misma, de una infinita complejidad en sus detalles, pero de una asombrosa simplicidad en su funcionamiento. El instinto hace exactamente aquello para lo que está "llamado" a hacer; no duda, ejecuta.

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Me agrada particularmente la afirmación bergsoniana de que "hay inteligencia dondequiera que haya inferencia". Entendemos aquí la inferencia no solo como un silogismo lógico, sino como una inflexión de la experiencia pasada sobre el presente. Es el comienzo de toda invención, un proceso mental que solo se completa cuando finalmente se materializa en un instrumento fabricado.

 

Interfaz de usuario gráfica, Texto, Aplicación, Chat o mensaje de texto

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Es vital hacer una distinción final. En muchos trabajos y discusiones, es común ver cómo se funde o confunde el instinto con la intuición. Sin embargo, la intuición es un concepto de tal magnitud en la filosofía de la vida que merece ser considerado separadamente, pues es allí donde la conciencia intenta recuperar lo que ha perdido en su especialización técnica.

Releer a Bergson es recordarnos que somos, ante todo, seres constructores, innovadores por naturaleza, que navegamos la existencia entre la certeza biológica del instinto y la aventura infinita —y a veces agotadora— de nuestra inteligencia fabricadora.

Epílogo: La herramienta y la vida

Volver a las páginas de La Evolución Creadora no es siempre una tarea sencilla; es una obra que, admitámoslo, no es del agrado de todos y cuya densidad a menudo exige pausas epistémicas. Sin embargo, quienes regresamos a ella frecuentemente —a veces solo a releer unos capítulos— lo hacemos porque Bergson toca una fibra esencial de nuestra condición: la incomodidad de nuestra propia inteligencia.

Si aceptamos que somos Homo Innovador, debemos aceptar también el precio de esa innovación. Nuestra inteligencia, volcada hacia la materia inerte, hacia la fabricación de herramientas y utensilios, nos ha dado un dominio incomparable sobre el mundo exterior.

Si la inteligencia es la herramienta para manipular la materia y el instinto es la herramienta para preservar la vida orgánica, nos queda lugar para profundizar esa otra facultad, a menudo confundida con el instinto, pero radicalmente distinta en su alcance filosófico: la intuición. Pero ese... ese es un concepto que  merece ser incorporado y considerado con más profundidad…

martes, febrero 17, 2026

 

 

Historia y aprendizaje significativo

Me llamo la atención que  un nieto me dijera que tenía que rendir historia, conversando luego con otros nietos ,todos de secundaria, les pregunte si alguna vez le hablaron de la historia del pensamiento .  No es tenida en cuenta como nos ocurrió a la mayoría ,o tal vez no se le dio la suficiente importancia .

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Creo que esto tiene que ver con que la enseñanza se centra en la transmisión de resultados, omitiendo los procesos que condujeron a ellos. Sin embargo, conocer el camino recorrido por las ideas del pensamiento permite: comprender la génesis de los conceptos, reconocer la provisionalidad del conocimiento, identificar los problemas que dieron origen a las teorías, desarrollar pensamiento crítico. La observación atribuida a Carl Friedrich Gauss —el interés por el proceso que conduce a una solución— expresa con claridad esta necesidad pedagógica.

Aprender desde la historia de los problemas transforma el conocimiento en una experiencia significativa y fomenta la motivación intelectual. El estudiante deja de ser un receptor pasivo para convertirse en un participante en la reconstrucción del saber.

Del mito al logos: el nacimiento de la actitud crítica: El pasaje del mito al logos en la Grecia antigua representa uno de los momentos fundacionales del pensamiento occidental. Este tránsito no implica la desaparición del mito, sino la aparición de un nuevo modo de explicación basado en la argumentación racional.

Las condiciones culturales de la Grecia clásica favorecieron el ejercicio del pensamiento crítico. La existencia de espacios de debate y la valoración del ocio contemplativo permitieron que la reflexión filosófica se desarrollara como una actividad autónoma.

Este proceso inauguró una actitud intelectual caracterizada por: la pregunta por lo evidente, la búsqueda de fundamentos, la discusión racional de las ideas

Estas características constituyen, aún hoy, objetivos centrales de cualquier proyecto educativo orientado a la formación crítica.

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Los presocráticos y la pedagogía de la pregunta

Los filósofos presocráticos no solo ofrecieron respuestas sobre la naturaleza de la realidad, sino que inauguraron una forma de preguntar.

  • Tales de Mileto buscó un principio unificador de la naturaleza.
  • Anaximandro introdujo la idea de lo indeterminado.
  • Anaxímenes propuso procesos de transformación de la materia.
  • Pitágoras mostró la relación entre estructura formal y realidad.

El contraste entre Heráclito y Parménides introduce el problema del cambio y la permanencia, mientras que las aporías de Zenón de Elea evidencian que incluso lo aparentemente obvio requiere análisis conceptual.

Desde el punto de vista educativo, estos planteos muestran que el conocimiento se construye a partir de preguntas, tensiones y problemas, no de certezas definitivas.

Conocimiento, modelos y pensamiento crítico

La historia de la ciencia confirma que el conocimiento humano es dinámico y revisable. Los modelos teóricos cambian, se perfeccionan o son reemplazados. Incluso en disciplinas consideradas “exactas”, la certeza absoluta es inalcanzable. El reconocimiento de esta provisoriedad tiene un valor formativo fundamental: enseña a pensar en términos de hipótesis, evidencia y argumentación, y evita la aceptación acrítica de la información.

En este sentido, la educación basada en la historia del pensamiento promueve: la comprensión del error como parte del aprendizaje, la capacidad de revisar supuestos, la tolerancia a la incertidumbre, la construcción autónoma del conocimiento.

 

Incorporar la historia del pensamiento en los procesos educativos permite:

  1. Superar la enseñanza memorística.
  2. Favorecer el aprendizaje significativo.
  3. Desarrollar habilidades de análisis y argumentación.

4.        Integrar distintos campos del saber.

  1. Formar sujetos críticos y reflexivos.

 

 

 

Este enfoque es aplicable a todas las áreas del conocimiento, ya que la comprensión histórica de los conceptos permite establecer conexiones entre disciplinas y comprender el carácter cultural del saber.

 

Conclusión

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El contenido generado por IA puede ser incorrecto. ¨La historia del pensamiento¨ constituye una herramienta educativa de primer orden, es un recurso pedagógico que permite comprender el conocimiento como proceso, desarrollar la capacidad crítica y fomentar la autonomía intelectual. La historia del pensamiento no es o no debería ser un adorno cultural. Es la columna vertebral de una ciudadanía crítica. En un contexto de fragmentación y automatización, recuperar la dimensión histórica de las ideas es la única forma de formar sujetos capaces de interpretar la realidad, y no solo de operarla. Educar desde la historia de las ideas es, en última instancia, educar para pensar, un derecho que no debería reservarse para unos pocos ni dejarse para el final del camino.