La Falacia Narrativa: Cuando la Historia
Domina a la Verdad
Nuestra mente es una máquina de fabricar coherencia. Allí
donde hay hechos dispersos, construimos relatos. Y donde hay incertidumbre,
fabricamos explicaciones. Esta tendencia es adaptativa: las historias nos
permiten recordar, anticipar y actuar. Pero también tiene un lado oscuro. Esa
necesidad de cerrar el mundo en un relato consistente es lo que Nassim Taleb
llamó la falacia narrativa: nuestra vulnerabilidad a preferir relatos
compactos antes que verdades incómodas; a sacrificar precisión por sentido; a
confundir comprensión con la ilusión de comprender.
Taleb advierte que este
sesgo se vuelve especialmente peligroso ante sucesos raros: justo cuando más
necesitamos la estadística, más buscamos historias. Y cuando lo hacemos,
distorsionamos nuestra representación mental del mundo.
Las
falacias son argumentos que parecen válidos, pero no lo son, brillan con esta
seducción narrativa. Las escuchamos y nos parecen razonables;
incluso inevitables. Su poder no está en la lógica, sino en que hablan el
idioma de nuestra intuición. De allí que los ejemplos sean innumerables.
Algunos, además, han tenido consecuencias devastadoras. Entre ellos destacan
dos que muestran cómo la narrativa, cuando suplanta a la lógica bayesiana,
puede torcer la justicia: O. J. Simpson y Sally Clark.
O. J. Simpson: Un relato seductor contra la lógica bayesiana
Durante el juicio por el
asesinato de Nicole Brown Simpson, el matemático John Allen Paulos
analizó en el Philadelphia Inquirer cómo el abogado defensor
manipuló las estadísticas. Su
razonamiento fue el siguiente: "Menos del 1 por mil de las mujeres
maltratadas son asesinadas por sus parejas; por lo tanto, los malos tratos
previos en el matrimonio Simpson no tienen relevancia". El dato era
correcto, pero la conclusión era un engaño. El abogado estaba usando una estadística
irrelevante (la probabilidad de ser asesinada dentro del universo de todas las
mujeres maltratadas).
La pregunta era estadísticamente correcta, pero la pregunta que de
verdad importaba para el caso, era otra muy distinta: "dado que una
mujer maltratada ha sido asesinada, ¿cuál es la probabilidad de que el asesino
sea su abusador?".
La diferencia es abismal con solo cambiar la
pregunta. Al aplicar un razonamiento bayesiano, que
considera la evidencia disponible (la mujer fue asesinada) y la probabilidad
previa (fue maltratada), el resultado se invierte de forma dramática: Aplicando
el teorema de Bayes —que considera la probabilidad previa y la evidencia
disponible— se obtiene que:
Sí una mujer ha sido
maltratada, y luego aparece asesinada, más del 80% de las veces el
homicida es su abusador.
El
jurado no razonó bayesianamente. Razonó con la narrativa del defensor —clara, emocional, nítida— venció a
los números. El relato suplió a la estadística. Recuerdo este caso por la
trascendencia y la forma que fue perseguido cuando huía en una camioneta .Años después asalto a mano armada en Las
Vegas y fue preso. Importancia de probabilidad previa y formulación de la
pregunta.
Sally Clark: cuando un número mal multiplicado destruye una vida
El caso de Sally Clark
revela la misma estructura cognitiva, pero con un desenlace infinitamente más
trágico. En 1999, Sally fue acusada de asesinar a sus dos hijos, muertos en
1996 y 1998. Ocho de los diez jurados razonaron así: la muerte súbita del
lactante ocurre en 1 de 8500 nacidos , por lo tanto, dos muertes en la misma
familia equivalen a 1/8500²: 1 en 73 millones. Concluyeron que la madre
debía ser culpable. Él prestigioso pediatra Sir Roy Meadow avaló ese cálculo. Pero
contenía dos errores fundamentales.
Error 1: asumir independencia donde no la hay
Las probabilidades sólo
pueden multiplicarse si los sucesos son independientes. La regla de la
multiplicación directa es válida porque la probabilidad del evento B no se
condiciona a la ocurrencia del evento A. En un
evento tan raro como la muerte súbita, es razonable pensar en una causa común —probabilidad
previa ; genética, fisiológica o ambiental— que aumente la probabilidad del
segundo caso si ya ocurrió el primero.
Error 2: la falacia del fiscal
Este es el error más sutil y crucial. El jurado confundió dos
preguntas fundamentalmente distintas: 1.-"¿Cuál es la probabilidad de que dos
bebés mueran de forma natural?" con 2.-"Dado que dos bebés han
muerto, ¿cuál es la probabilidad de que la madre sea inocente?". Es el
mismo error que pensar que, como la probabilidad de ganar la lotería es
bajísima, cualquiera que gane debe haber hecho trampa. La confusión era entre P(dos muertes | inocencia) y P(inocencia | dos muertes). Un razonamiento
absurdo, pero trágicamente aplicado.
La Royal Statistical Society
denunció el error en 2001. El caso se revisó. Sally fue liberada. Pero el daño
ya estaba hecho: la persecución social, la presión judicial y el deterioro
emocional culminaron en su suicidio.
Un mecanismo común: primero la conclusión, después la evidencia
Los dos casos comparten una
estructura idéntica:
1.
Los abogados partieron de la
conclusión que, aunque diferente querían obtener.
o El defensor de Simpson: “mi cliente es inocente”.
o El fiscal en el caso Clark: “la madre es culpable”.
2.
Luego buscaron, recortaron o
manipularon los datos para sostener esa conclusión.
En ninguno
de los dos procesos hubo pensamiento bayesiano. No se consideraron
probabilidades previas, ni probabilidades condicionales relevantes, ni
relaciones de dependencia entre eventos. En ambos juicios, la narrativa
precedió al análisis. Y cuando la narrativa da el primer paso, la razón llega
tarde o no llega.
Adenda
La importancia de la probabilidad previa a la cual se le suma la evidencia En todo razonamiento bayesiano, la probabilidad previa (el “prior”)
es el punto de partida ineludible. No es un lujo ni un adorno matemático:
es la condición de posibilidad del pensamiento mismo.
La estructura es sencilla y poderosa:
1. Probabilidad previa (prior)
Es lo que ya creemos —explícita o tácitamente— antes de observar nuevos datos. Es
nuestro mapa inicial.
2. Evidencia nueva Es lo que el mundo nos muestra ahora.
3. Actualización posterior Es la
integración racional entre lo que pensábamos y lo que acaba de ocurrir. Es
nuestro nuevo mapa, más ajustado a la realidad.
El cerebro humano rescata de
la RND (Red Neuronal por Defecto)
probabilidad previa , cuando imagina, predice o anticipa y, lo hace el sentido
común cuando decide rápido y. hace la ciencia cuando acumula
evidencia. “La probabilidad previa es el ancla silenciosa del
pensamiento: sin ella, no hay inferencia; con ella, la evidencia adquiere
sentido. La importancia de la probabilidad previa radica en que es el punto de
partida al cual se le suma —y se le contrasta— toda nueva evidencia, la cual adquiere
sentido permitiendo que la mente, cotidiana o científica, actualice sus
creencias de manera coherente.
La justicia y el cerebro humano: un problema profundo
El juramento de decir la
verdad rige para los testigos, no para abogados, fiscales o jurados. La
interpretación de los hechos, los números y los relatos queda librada a seres
humanos vulnerables a sus propios sesgos. Así, las estadísticas pueden ser estiradas
o recortadas para que encajen en la cama de Procusto: si el hecho no entra en
la historia, se deforma hasta que entre. El peligro no reside en la matemática,
sino en la psicología. Somos narrativos antes que estadísticos. Somos
intuitivos antes que lógicos. Somos amantes de la coherencia antes que
buscadores de la verdad.
Lo que domina no es la
estadística, sino la Red Neuronal por Defecto: el modo automático de
funcionamiento del cerebro que llena huecos, conecta puntos sueltos y construye
causalidades inmediatas. Por eso la falacia narrativa no es un error
superficial, sino una característica profunda del modo humano de pensar. RND es
un termino que llama a confusión en neurociencias
hoy existen otros nombres más apropiados, por ejemplo uno de ellos es el de ; Actividad Neuronal
Predeterminada” (ANP)
Epílogo:
Bayes como antídoto contra la ilusión
La falacia narrativa no se
combate con más datos, sino con mejor pensamiento, con pensamiento que
reconozca: la importancia de las probabilidades previas, la necesidad de
evaluar hipótesis alternativas, la diferencia entre correlación y causalidad,
la falacia del fiscal, y, sobre todo, la tentación de creer historias demasiado
bien armadas. Bayes no es sólo un teorema: es un recordatorio de humildad cognitiva.
Es la invitación a preguntarnos “¿qué sabía antes?” antes de afirmar “¿qué
creo ahora?”. Es la disciplina que evita que la coherencia aparente
reemplace a la verdad. En un mundo saturado de relatos convincentes, Bayes es,
quizás, el último freno contra nuestra infinita capacidad de engañarnos a
nosotros mismos.
Específicamente,
el Teorema de Bayes propone una solución a lo que se le llama «probabilidad
inversa». La hipótesis de Thomas Bayes considera que la «probabilidad
inversa» tiene una importancia trascendental. En términos generales, el
teorema ayuda a probar estadísticamente las posibilidades que podrían
condicionar un suceso específico previamente observado.
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