Entre el ojo de la rana y el pie en el zapato:
Sperry, Maturana y la revolución de la
epistemología desde la biología del conocer
En una de nuestras cenas
habituales Luis nos dijo de la importancia del zapato no como prenda de vestir
sino como un elemento para caminar totalmente erguidos . A mí me llevo a
Maturana quien dice que después de años
tuvo la epifanía que le permitió descubrir la epistemología oculta del
experimento de Roger Sperry.
Hay descubrimientos
científicos que no se limitan a resolver un problema puntual, sino que
desacomodan las categorías más íntimas con las que pensamos. Roger Sperry(
Nobel de Medicina) en los años cuarenta, giró literalmente un ojo —el de un
renacuajo— y produjo una grieta epistemológica.
La historia comienza con un experimento
de laboratorio aparentemente simple. Sperry giró ciento ochenta grados el ojo
de un renacuajo esperando que, al regenerarse las conexiones neuronales, el
animal corrigiera la inversión y viera el mundo de forma normal. Pero ocurrió
algo inquietante: el ojo quedó funcional, la rana adulta veía… invertido.
Cuando un insecto se movía arriba, la rana disparaba su lengua hacia abajo. No
aprendía a corregir. No reconfiguraba su conducta. El sistema nervioso se
reconstituyó según una lógica interna y el animal actuó coherentemente con esa
lógica, aunque para el observador humano aquello fuera un error.
Esta observación contiene
una semilla poderosa: lo que llamamos “error” no existe dentro del organismo,
es un juicio del observador externo. Para la rana, su mundo es coherente: cada
estímulo desencadena una acción adecuada según su estructura. Para el
científico que compara la conducta con las coordenadas físicas del entorno, en
cambio, hay desajuste. Esa diferencia marca la ruptura: el entorno no ingresa
tal cual al organismo; lo que ocurre es una perturbación que el sistema procesa
desde su propia organización.
Años más tarde, trabajando
en Harvard y el MIT, Maturana retoma esta veta en el célebre estudio ¨Lo que
el ojo de la rana le dice al cerebro de la rana¨ , junto a Lettvin,
McCulloch y Pitts, descubren que el ojo de la rana no es un receptor pasivo; no
transmite imágenes, sino que preclasifica patrones significativos para ese
organismo: bordes, sombras móviles, puntos oscuros que imitan insectos. La
percepción, vista así, no es un reflejo del mundo, sino una estructuración del
medio según la historia biológica del sistema. La rana no “ve” insectos:
detecta configuraciones que su biología ha definido como relevantes para la
alimentación y la supervivencia.
Aquí aparece lo que Maturana
llamará más tarde la epistemología oculta: el conjunto de
creencias tácitas que sostienen la ilusión de que conocemos la realidad tal
como es. Creemos que percibimos objetos, que la información entra por los
sentidos, que el mundo está ahí afuera esperándonos. Pero las evidencias
biológicas señalan otra cosa: los organismos son sistemas cerrados en
su dinámica operacional. No reciben información; sólo sufren perturbaciones
que gatillan cambios determinados por la estructura interna del sistema.
Este concepto de cerradura
operacional es decisivo. Significa que el sistema nervioso no opera con
contenidos que vienen del exterior, sino con diferencias internas
desencadenadas por perturbaciones externas. La rana ve lo que puede ver
según su diseño nervioso. El renacuajo reconstruye su vista según la
conectividad regenerada. Y los humanos… también. Vemos desde nuestra historia,
desde nuestras distinciones, desde nuestra corporalidad.
Pero Maturana da un paso más
radical: si los sistemas vivos son cerrados y operan desde sí mismos, entonces
el mundo que cada ser vive no es un mundo externo dado, sino un dominio
de coherencias que surge en la relación entre organismo y medio. Esta
relación no es una copia ni un ajuste; es una co–configuración en el
tiempo. Aquí introduce una de sus metáforas más claras: el pie y el zapato.
Un zapato no se adapta a un
pie ideal. Es el pie real, con su forma y su presión, el que moldea el zapato.
Y a la vez el zapato moldea al pie, lo estrecha, lo endurece, lo altera. El
ajuste entre ambos no está en uno ni en el otro: está en la historia de su
interacción. Esa historia es el ¨acoplamiento estructural¨. Y ese
acoplamiento es la base sobre la cual emerge un dominio de acciones,
percepciones y sentidos posibles.
Trasladado a la cognición,
esto significa que el organismo no se ajusta a un mundo objetivo; el organismo
y su entorno se transforman juntos. No existe un mundo independiente al
cual tengamos acceso desde adentro del cráneo. Lo que existe es un mundo que
hacemos visible a través de las coherencias que estabilizamos en nuestras
acciones. Y cuando varios organismos coordinan sus acciones recurrentemente,
surge un fenómeno nuevo: el dominio común.
Ese dominio común —donde
múltiples sistemas cerrados coordinan sus coordinaciones— es lo que la
filosofía llama intersubjetividad. Para Maturana, no hay sujetos aislados: hay relaciones
que hacen surgir sujetos. Personas que hablan, coordinan movimientos,
establecen emociones compartidas, construyen un lenguaje. El encuentro está
en el espacio relacional que co-creamos.
Esta perspectiva transforma
incluso la noción de error humano. Así como la rana no se equivoca para sí
misma, sino para el científico que la observa, también los humanos nos
equivocamos para otro, dentro de un dominio consensual que definimos
juntos. No existe un error absoluto, sino una falta de coherencia respecto de
una norma establecida en el espacio común. El examen escolar, la
comunicación fallida, el desencuentro amoroso, la discusión política: todo
error es una evaluación desde el observador.
Así, desde el ojo invertido
de un renacuajo hasta la conversación humana, Maturana desplaza la
epistemología hacia una biología del conocer en la que: vivimos en coherencias
que emergen del acoplamiento entre sistemas cerrados.
SINTESIS
¨La Biología del Conocer de Maturana¨,
catalizada por el experimento de Roger Sperry (el ojo invertido de la rana),
desmantela la idea de una realidad objetiva, postulando que el conocer es un
modo de ser que emerge de la estructura interna del organismo.
El "cableado" , la estructura neuronal plástica del individuo define lo que es posible
ver. Su modificación no es por la fuerza de la lógica, sino a través de la
interacción que guía la transformación estructural. Los límites del Cableado: 1.-La
especie da determinación biológica y establece el potencial máximo 2.-La
historia del espécimen , la ontogenia establece el cableado actual.
El cambio del cableado es un proceso de
plasticidad neuronal activado por la coordinación de acciones recurrentes
intersubjetividad. El conocimiento no se transfiere, sino que se habilita
cuando el sistema estabiliza una nueva coherencia en respuesta a las
perturbaciones. La condición
indispensable para que esta transformación estructural ocurra en el dominio
humano (lenguaje, educación, política) es la aceptación que
valida al otro como un "legítimo otro" en la convivencia, a
pesar de sus diferencias de cableado, es el motor que permite la intersubjetividad,
coordinación de acciones y, consecuentemente, hace surgir el ¨Espacio
Relacional o Dominio Consensual¨, donde se comparten y validan las nuevas
coherencias. Sin aceptación, el sistema se cierra y se hace rígido,
impidiendo la habilitación del cableado.
Conclusión Epistemológica: No conocemos la realidad objetiva, sino nuestra forma de convivir
con ella. Esta convivencia es un acoplamiento estructural constante,
donde el conocer es siempre un acto relacional, fundado en la aceptación
mutua de nuestros distintos "cableados".
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